lunes, 4 de enero de 2010

Rescatar la memoria. El derecho a la verdad




I

C
oncedida la palabra a Imelda Daza Cotes, sin preámbulos, su poderosa voz lanza un, "yo acuso", a los sucesivos gobiernos nacionales, a las fuerzas armadas, a los paramilitares, a las transnacionales, a los gobiernos estadounidenses, a la alta jerarquía eclesiástica…, por el impune y endémico crimen estatal que vive su país. Y acusa a esos mismos actores de haber frustrado la gran oportunidad de paz, que se dió a partir de 1984 con la irrupción en la arena electoral de la Unión Patriótica.

De esta Unión, fueron asesinados dos candidatos presidenciales, ocho congresistas, trece diputados, once alcaldes, doscientos cincuenta consejales, tresmil quinientos veintiseis líderes comunales y activistas… La masacre fue rematada en el año 2002, retirando la personería jurídica a la la gran esperanza del pueblo….!

Ominosa constante de este interminable conflicto, es la persecusión y exterminio de familias y poblados enteros, por parte de los agentes del Estado. Hasta cierto punto, el motivo político esgrimido por tales agentes es un pretexto; el verdadero motivo es arrebatar las fértiles tierras pertenecientes a las comunidades campesinas y traspasarlas a favor de los principales jefes paramilitares.

En el período descrito por Imelda Daza Cotes, se inscribe la vasta campaña de persecusión y exterminio que las fuerzas armadas gubernamentales en coordinación con grupos paramilitares, lanzaron en contra de la familia Asuga Higuita, de sus descendientes, y hasta de sus amigos y allegados.

Por datos de información recabados por espías, se enteran los agentes del Estado que los Asuga Higuita y los robustos ramajes que de ese tronco se desprenden, se asientan sobre buenas tierras, pertenecen a la Unión Patriótica, y no temen denunciar con nombre y apellido, los desmanes de los representantes del Estado.

El quince de agosto de 1995, tropas gubernamentales irrumpen a degüello en la ranchería de los Usuga, en Apartador. Matan, secuestran; saquean e incendian sus casas. La mayor parte de la familia se tira al monte, y logra reagruparse en la espesura. Los sobrevivientes se ven obligados a su primer desplazamiento. Se dirigen hacia la vereda deTurbo. Ahí se asientan e intentan rehacer sus vidas.

Celebraban el Día de la madre los Usuga el trece de mayo de 1997 en su nuevo asentamiento. Asaltan la celebración los paramilitares. Se vuelve a tirar al monte el grueso de los parientes con unos cuantos heridos a cuestas. Los asaltantes logran asesinar a cinco jóvenes de ellos. Los sobrevivientes son obligados a desplazarse por segunda vez, pero las fuerzas y los medios con que cuentan sólo les permiten moverse hacia otra área de la misma vereda de Turbo.

No les resulta difícil a los espías ubicar el nuevo emplazamiento de sus víctimas. El siete de Julio del mismo año, vuelven a cargar los paramilitares. Maltrechos, heridos, regresan monte traviesa, los que quedan de los Usuga a Apartador, convencidos que en ese periplo despistarán a sus verdugos.

Los espías del enemigo demuestran maligna eficacia. Son descubiertos de nuevo los perseguidos. Lanzan contra ellos los paramilitares, renovada ofensiva. Secuestran y desaparecen a dos jóvenes y a sus padres. Completamente diezmados, deciden los que quedan de los Usuga, escapar hacia Medellín.

Ahí tratan de confundirse con los citadinos, pasar desapercibidos entre los ríos de gente que fluyen sobre las calles de la gran urbe. Los delatan las botas de látex que utilizan (el calzado de los campesinos), y sus sombreros de alas anchas, las largas enaguas de las mujeres, sus rústicas maneras, el melodioso acento de su lenguaje, típico de los que se dedican a labrar la tierra….

El largo brazo castrense está entrenado para espiar y golpear tanto en el campo como en la ciudad. Las calles de la urbe atestiguan el secuestro y desaparición de algunos de los Usuga, que buscan asentarse en las zonas periféricas de la metrópolis reclamada por las mafias de la cocaina. Se desplazan entonces al extremo opuesto de Medellín para confundir la implacabilidad de sus perseguidores. Los largos tentáculos paramilitares conforman una vasta retícula que sale del campo, prolongándose hacia las urbes en donde llega a enervar tanto los barrios miserables, como los elegantes barrios de la élite, incluso los asentamientos de desplazados. Esta vez deciden los Usuga sobrevivientes, poner tierra de por medio y se trasladan a Bogotá.

Creían estar a salvo, de incógnitos, perdidos entre las innumerables covachas de las inmensas entrañas de las zonas marginales. Una mañana de una fecha que se nos escapa a la memoria, se hacen presente los Usuga a una de las calles aledañas, para levantar los cadáveres de dos de los suyos.

El holocausto a que es sometida esta vasta parentela cuyas raíz se afinca en la campiña profunda, llega al conocimiento del Comité para los Derechos Humanos. El comité pone ante ellos la posibilidad de emigrar al extranjero. Se reune la familia a deliberar. Hacen el recuento de sus bajas.

Luis Fernando Usuga Higuita, y sus hijos: Rosalba e hijo, Orlando, Wilson y Rubén… Poco tiempo después fue asesinado el esposo de Rosalba… El listado de los desaparecidos de ellos que hacen los Usuga va engrosando sustancialmente cuando agregan los asesinados. Caen en la cuenta que los Usuga Higuita fueron extinguidos; que han sido empujados al borde de la extinción los Guissao Usuga, los Pozzo Usuga, los Usuga David, los Quintero Usuga. Esto los lleva a rechazar la oferta migratoria. "La justicia es débil, porque incluso los fiscales escogen el exilio", concluyen. Llevan en la sangre el gen de la resistencia y la denuncia.

II

En cierto lugar del exterior de cuyo nombre no quiero acordarme, el cinco de agosto del 2002, se hizo presente junto a Imelda Daza Cotes, Adriana Quintero Usuga, a dar testimonio de lo vivido, ante la Segunda Sesión de la Comisión Etica de la Verdad en el Extranjero.

"No recopilamos sólo por recopilar", explican los comisionados, "lo hacemos", agregan, "por la importancia judicial que encierran estos testimonios, para cuando llegue el ineludible momento de juzgar los hechos, aplicar justicia, reparar los daños. Y porque esta comisión labora", dicen, "para recuperar la memoria; por el derecho a la verdad!"

jueves, 10 de diciembre de 2009

Sin testigos

Del grueso de suboficiales y soldados que ejecutaron este operativo, y muchos otros similares, no hay rastro alguno.

Unos se ahogaron en alcohol o drogas; otros fueron engullidos por el pantano de la psicosis; otros fallecieron cobijados de cartones en lúgubres laberintos de Los Angeles California, Nueva York y Washington.

Sólo una veintena entre miembros del temido batallón y aquel alto mando, dan muestras de vida. Lo hacen desde la semiclandestinidad. Hay quienes aseguran que a esas sombras fueron empujados por el eco del llanto de sus víctimas. Otros dicen que las sombras siempre fueron su naturaleza. El común denominador de todos ellos es que imploran a los cuatro vientos que todo lo actuado sea por el mundo, olvidado.

El marco:

En el vértigo de la contrainsurgencia una explosión arrasa, de los trabajadores, la Unión. A la siguiente semana es dinamitada de los trabajadores, la Confederación. Los hechores firman los atentados con el nombre de un antiguo tirano que en situación de retiro fue ajusticiado por su chofer.

Los insurgentes elevan su propuesta hacia el gobierno: retrasar las elecciones y lanzar sus propios candidatos.

El gobierno les rechaza; celebra elecciones. Fue electo presidente el oligarca más poderoso del país.

La insurgencia, impulsa su táctica de ataques selectivos. Fue ajusticiado el “Comisionado para Limpiar la Universidad, de Comunistas”.
El vicepresidente electo se libró por los pelos, de una ráfaga de ametralladora.
El Fiscal General fue eliminado mediante un artefacto en su vehículo.
El ministro de la presidencia fue emboscado y acribillado en pleno día.

Los escuadrones de la muerte buscan sus propios objetivos (civiles no armados). A la ausencia de blancos a batir, atacan la imprenta de los académicos religiosos.

“Diálogo y presión”, la táctica del gobierno.

Atentan, comandos gubernamentales, contra la residencia de un alto dirigente del Frente Democrático. Los insurgentes responden con armas artesanales sobre las instalaciones del Estado Mayor gubernamental.

Escuadrones de muerte explosionan por segunda vez la sede de la Confederación de Trabajadores. Las víctimas se ven duplicadas. La insurgencia abandona la mesa de negociación y anuncia la gran ofensiva.

La noche antes del día señalado estaba tremendamente oscura. Un incesante alboroto de perros se extendía por cinco rumbos de la capital; envolvía la periferia de tres cabeceras departamentales. Los perros aullaban al paso de las columnas insurgentes que bajaban de las cerranías en busca de los puntos neurálgicos del enemigo. Con las primeras luces del día se desatan las acciones.

La guerrilla se hace fuerte en los barrios populares. Intenta provocar la insurrección de las masas. El gobierno, decreta estado de sitio, censura informativa; bombardea los barrios con presencia insurgente. No hubo insurrección, sino éxodo masivo y centenares de víctimas inocentes.

Cambian táctica los insurrectos. Desalojan los barrios pobres y se dirigen a fortificarse en los barrios elegantes. Atacan la residencia del mismísimo presidente de la república, la casa del vicepresidente y la del cabeza del parlamento. Fusilan al presidente de la Corte Suprema de Justicia.
El gobierno se abstuvo de bombardear las areas dominadas por los rebeldes; se trataba de sus propios lugares de residencia, los barrios de la oligarquía. Cundió el desespero del alto mando militar y del presidente de la república.

La Agencia Central de Inteligencia, ilustra esta congoja de la siguiente manera.

“El jefe del Estado Mayor Conjunto convoca al presidente de la república a hacerse presente en ese bunker”.
Es el presidente de la república quien acude al llamado del jefe militar y no al revés. El presidente no manda; lo mandan.

Antes de la llegada del mandatario, los miembros del alto mando ya había deliberado exaustivamente y concluido.

“... Los terroristas no tienen capacidad táctica o estratégica. Jefes y grueso conforman un cuerpo, inexperto, mal entrenado, mal armado, mal avituallado. No tienen idea del arte de la guerra; por sí solos, jamás podrían hacer peligrar el poder y gloria de nuestra fuerza armada.... Y sin embargo, si un cuerpo rudimentario como ése se provee de una cabeza pensante, entonces sí se vuelve altamente peligroso y difícil de ser aniquilado.... El G2 (inteligencia militar), ha demostrado hasta la saciedad, que los terroristas ya se han hecho de una cabeza pensante. Esta Medusa es la que debemos cercenar! Y esto debe ser ahora mismo, antes que aclare el siguiente día...... Se trata de ellos o nosotros...!”.

Los hechos

Fue puesto el plan en manos del oficial de campo situado en el área del objetivo.
El oficial responde: “puesto que se trata de una acción especial, se requiere el concurso de un batallón especial”.

En efecto, recurrieron al batallón más despiadado en este tipo de operativos. Giraron las órdenes pertinentes.

Se hizo presente el batallón destinado, se atrincheró en las cercanías; esperó a que cayera la noche.

Militarmente, la operación no presentaba complicación alguna.

Predominaban el silencio y la oscuridad. A la hora señalada, fueron tendidos tres círculos concéntricos y herméticos, alrededor de la casa de meditación.

Al filo de la media noche, se abrió un corredor desde la periferia circular hasta la fachada de la casa. Por ese corredor penetró hasta la entrada principal, un comando de asalto fuertemente armado, con los rostros untados de betún.

Una parte del comando tomó posiciones tácticas a lo ancho del frontispicio; otra parte se posesionó del dintel. Llamaron, golpeando la puerta con las palmas de las manos, conminaban a los pernoctantes a abrir las puertas.

Tensos minutos, de persistencia y voces amenazantes, transcurrieron. Alguien del interior abrió la puerta. Irrumpen impetuosamente hacia el interior los asediantes.
Obligan hacia el exterior a seis religiosos que meditaban.

No hubo demasiado intercambio de palabras entre asaltados y asaltantes.
Uno a uno fueron colocados boca abajo sobre la grama del jardín, los religiosos.

Posteriormente a la celebración de la sangre, prometía el alto mando la gloria espiritual y la estabilidad económica.

La especialidad del batallón era justamente este tipo de operaciones. Una especie de rito que celebraban con gentes anónimas de tez aceitunada, esmirriadas y baja estatura. Esta vez se trataba de gentes importantes, altos, blancos y elegantes como sus propios jefes. Esto excitaba el ánimo de los soldados; disputaron el honor de disparar al occipital de los ahí tendidos.

Se oyó llanto y gemidos de mujeres al interior de la casa. –Quiénes son? –preguntó el jefe.
–Es la sirvienta y su hija. Pobres mujeres. No deben nada –contestó uno de los soldados.
–¡La orden es, sin testigos, culeros! –replicó con notoria dosis de histeria, el oficial.

Retomaron la acción los subordinados.

Abandonado que fue el escenario de los hechos, a la par de los otros victimados, quedaban fuertemente abrazadas, la sirvienta y su pequeñuela.

Clareó el día. Convocó el presidente a conferencia de prensa. Ante las cámaras, los flashes y el alboroto de los reporteros, el alto mandatario, culpó de los hechos a los insurgentes.

martes, 8 de diciembre de 2009

Orgasmo de Gata

Que un grupo latino de bohemios del valle Mälaren (Mälardalen), decidiese erigirse en tribu y enarbolar el estandarte del quetzal, fue un hecho tan sorprendente como inaudito. No a cualquier mortal le es concedida la gracia de conocer el trino de ese pájaro, nahual de Tecún Umán que lleva un rubí en el pecho.

Lo asombroso de ese acontecimiento, pensé, es que los sabios mayas, aseguran que quien tiene la dicha de escuchar alguna vez el trino del quetzal, abre su mente a la contemplación y a la poesía, definitivamente. Esos seres privilegiados se identifican fácilmente unos a otros y tienden a formar logias místicas a cuyo interior se vuelven devotos del ave en mención.

Esa mística dice que el quetzal es el alma del pueblo maya, por eso en cautiverio muere, y en vuelo es una ondulación esmeralda. Como el torogoz, construye su habitáculo en inaccesibles paredones de escarpadas vaguadas. Escava en el paredón un túnel en forma de herradura. Es decir, con un umbral de entrada y otro de salida. Lo hace así para no extropear su espléndida cola, que supera en mucho la longitud de su propio cuerpo.

El caso es pues, que el grupo Quetzal, convocó a un cónclave poético que se celebró el 7 de noviembre, en el número 6 de Slottgatan, Västerås (el nuevo local del Vänster Partiet). Un día antes había sido la fiesta de cumpleaños de Micke Mjöberg, a la cual no pude asistir, por estar bajo el ataque de un virus sospechoso de porcino

Faltar a dos acontecimientos al hilo, por culpa del dicho virus, hubiese sido alarmante; un primer signo de gravedad; por lo que hice el supremo esfuerzo de abandonar el lecho, proceder a una rigurosa ducha y luego encaminar mis pasos a la convocatoria del Quetzal.

El esfuerzo hecho no fue del todo feliz, pues estando ya a pocos metros de la parada de buses, partía el bus que me llevaría hasta Slottgatan a la hora conveniente.

Los días sábados por la tarde, el servicio de autobuses es más pausado; sin embargo,los organizadores quisieron sentar precedente de puntualidad y fueron tajantes con la hora de inicio.

Se comprenderá que me perdí la primera parte del programa. Llegué justo a la hora de los bocadillos. En el ambiente quedaba, sin embargo la vibración de los versos de René Zegarra, de Julio Flores, entre otros, y la dramaturgia de Guillermo Aguilar. En la segunda parte vendría otra jornada de lecturas.

En el intermesso de los bocadillos, entre sendos recipientes repletos de tacos nicaragüenses, ensalada, bebidas y odres colmados del fruto fermentado de la vid, descubrí los ojos de la `Gata´.

Hay muchas gentes en Nicaragua cuyas pupilas, ni son cafés, ni negras, sino de un tornasol que cambia de tonalidad según el ángulo en que reciben la luz. El pueblo les llama, gatos.

Comprendí al instante la razón del porqué habían cinco acrílicos de grandes dimensiones, muy cargados de simbolismo, estratégicamente situados en el salón donde se desarrollaba el recital.

Los gatos son poseedores de un temperamento especial. Haciendo caso omiso a la lista de precios, repartía la Gata, a diestra y siniestra tacos nicaragüenses elaborados por sus propias manos, copiosamente acompañados de ensalada a la mayonesa, y rebosantes copas de vino.
–Tengo mis reservas acerca de los precios, acá en la lista –dije–, déjame revisar si hay monedas en mi monedero.
–Olvidáte de los precios, chocho carajo, que aquí tengo yo bajo control todo ésto! –me contestó, y dirigiéndose al público espetó–: Comed y bebed, y que se cargue el débito a mi cuenta!

Reanudose el recital, pasando por el estrado un segundo grupo de aedas.
No es tarea fácil una composición poética alrededor de una coyuntura política. Sin embargo, Ricardo Mejía se atrevió a transformar en versos el golpe de estado en Honduras. El público premió esa labor con una salva de aplausos. Asímismo dio el público su aprobación a un canto a la amistad y la solidaridad ofrecido por Pascual Nuñez, y a un par de dardos que el Pardo lanzó a la trampa de que la crisis económica sirve para hacer más pobres a los pobres, y más ricos a los ricos.

Agotada la artillería de los poetas, concentró el público su atención en la abigarrada simbología de los acrílicos de Silvia, la Gata nicaragüense (el apellido de esta pintora es un acertijo aún indescifrable).

El primero y más llamativo, es una mujer desnuda que sangra de entre sus piernas recogidas. El cuadro acepta dos posiciones. Si se coloca cabeza abajo, asemeja la cabellera de la mujer, las raíces de una mata de maíz en busca del suelo. Si se invierte la posición, es una mujer de rodillas y sangrante. –Es el parto, el parto es vida –explica la artista al público asombrado.

El siguiente es un paisaje nocturno. La calle principal de un pueblito nicaragüense. Al fondo la luna llena. En primer plano el busto de una mujer. El lado derecho de la mujer es jóven y sensual, de pezón apetecible. El lado izquierdo, una vieja escuálida, decrépita de teta flácida y horrible. –Es la Segua –dice la pintora– El espíritu femenino y maligno que venga la ingratitud de los hombres infieles y trasnochadores.

Ante el siguiente lienzo no hay preguntas del público, sólo signos de admiración. Es el ángulo de un Pettersberg en pleno invierno, cuyo vértice entra francamente por la ventana del dormitorio de Silvia.

El siguiente acrílico es el rostro de una chica bellísima de ojos almendrados. Tiene ante sí, una tentadora manzana. –Es Eva, mi hija –dice.

Por último, sobre un fondo verdoso, una línea negra y retorcida, desdibuja una silueta femenina. Se necesita un verdadero ejercicio de abstracción para adivinar que en esos vericuetos se esconde una mujer. Hay sin embargo una clara pista: un pecho femenino de perfil, hermoso y suculento. –Qué es? Qué es? Pregunta el público intrigado.
Se enciende el tornasol de sus pupilas. –Es el orgasmo de la Gata –contesta. Y le ilumina el rostro, un sarcasmo hecho sonrisa.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Cambio climático


En su casa, en las estribaciones del volcán San Salvador, don Cristiano leía un libro publicado por uno de los asesores de George Bush, Tony Blair y José María Aznar. El autor calificaba el Cambio Climático Global como una de las más grandes farsas de los últimos tiempos. Don Cristiano centraba su esfuerzo intelectual, en apropiarse de las argumentaciones del autor, mediante un ejercicio mnemotécnico.

La señora Teodolinda, su mujer, le entregó la correspondencia del día. Le llamó la atención un sobre barato, rotulado a mano y con muy mala caligrafía. Rompió la cubíerta y leyó. Los pobladores de las orillas de la Quebradona (parte baja del volcán Chinchontepec), le mandaban a pedir, obras de reforestación sobre sus propiedades de la falda sur del volcán, ya que, debido a la rigurosa tala llevada a cabo, para sembrar más café, bajaba de esa falda en la estación lluviosa, una corriente de lodo por la Quebradona, que llegaba a invadir los patios de las casuchas del caserío.

–Reforestar? Pobres ilusos, no saben nada de caficultura! Les vendí barato, para que tuvieran donde vivir, y con estas presiones me pagan! Jodidos estamos! –dijo a su esposa. Arrugó la carta, la lanzó al cesto de la basura, y continuó la lectura que le ocupaba.

El Salvador es un territorio costero, que hacia el norte se eleva en una cadena de cerros y volcanes; por lo que las crecidas de ríos y quebradas de las partes bajas, durante la estación lluviosa, es una tendencia natural, últimamente acentuada, a causa de la deforestación y urbanización de los terrenos altos.

Hoy día, las inundaciones de las partes bajas, en la estación lluviosa, es la norma. Los ricos prefieren urbanizar las partes altas y vivir allí, precisamente para quedar a salvo de inundaciones.

Al año siguiente de aquella carta, las precipitaciones pluviales fueron mínimas, más bien hubo sequía, así que los pobladores de la Quebradona, se preocuparon poco por el inconveniente.

Años antes, la estación lluviosa terminaba en septiembre. Ultimamente se prolonga hasta noviembre, incluso, diciembre. Según los entendidos, esto es signo del Cambio Climático Global.
Los detractores de este fenómeno, gentes muy poderosas, se dan a la tarea de contratar académicos universitarios, para que argumenten que el tal cambio climático es una falacia.

En el año posterior, lo largo de la estación lluviosa fue moderado. Hubo corrientes de lodo por la Quebradona, pero no pasó a más.

Lo que vendría a ser la última fase de la estación, aconteció del siguiente modo:

El servicio meteorológico internacional, envió un mensaje de alerta a los servicios locales de los países de la región. En el Océano Pacífico cobraba forma un ciclón cuyo eje de rotación se movía hacia Centroamérica. En efecto, el ciclón atravesó el istmo, con una fuerza destructiva moderada, y se fue desvaneciendo sobre el Golfo de México, hasta convertirse en tormenta tropical.
Meteorólogos y organismos de rescate, respiraron aliviados.

El servicio meteorológico internacional, cuyos análisis y conclusiones se basan en imágenes tomadas por satélites, no observó nada anormal en los gigantescos cúmulos de nubes que avanzaban siguiendo la misma ruta del ciclón. El análisis espectrográfico concluía que, en efecto, las nubes eran inusualmente gruesas, pero se movían con bastante normalidad y suficiente altura, como para ningún tipo de alarma.

Durante la historia vivida por el ser humano, el clima había sido ordenada y sistemática sucesión de fenómenos de conocida evolución; lo cual permitía a los hombres avezados, mediante una simple y atenta observación visual de lo alto, lo bajo, lo cercano y lo lejano, predecir y precaver con aceptable exactitud al comportamiento de los meteoros.

Hoy día, aún con ayuda de satélites y sofisticada tecnología, es cada vez más complicado predecir las variaciones climáticas locales y globales; tal que en su inmensa mayoría, los meteorólogos dan testimonio que el Cambio Climático Global, consecuencia de la actividad industrial del hombre, es un hecho irrefutable.

Caía el atardecido, cuando las colosales pero inofensivas nubes (según los servicios meteorológicos), que venían por la ruta del huracán abandonaban el océano y se adentraban al territorio salvadoreño.

Comenzaron a descender en forma de leve llovizna. Al contactar tierra, detuvieron su desplazamiento, los cúmulos se volvieron negros y confundidos con la noche se fueron licuando con creciente celeridad, sobre las alturas del territorio.

De las partes altas urbanizadas de San Salvador, donde viven los ricos, bajaban torrentes cada vez más gruesos y furiosos hacia las partes bajas donde viven los pobres.

En pocas horas estaba lloviendo lo equivalente a un mes. Antes de la media noche, se oyeron los primeros ayes lastimeros en las proximidades de quebradas y ríos.

La oscuridad era total. Las represas abrieron sus compuertas. Las laderas deforestadas se convertían en aludes negros.


En mitad de la noche lluviosa e impenetrable, la falda sur del volcán Chinchontepec se convirtió en un inmenso torrente de lodo y grandes piedras que se precipitaron sobre la Quebradona. Más allá de la Quebradona, el alud desbordó el cause, se dividió en dos y cayó sobre los barrios de Verapaz….

… Al amanecer lo largo de la costa salvadoreña era un cenagoso infierno en donde los condenados, eran espectros cubiertos de lodo que erraban enmedio de interminables pantanos, extrayendo cadáveres, gimiendo, llorando, y llamando a gritos a sus deudos.

La mitad del pueblo de Verapaz estaba desaparecido. La mitad que faltaba la sustituían enormes rocas, algunas tan grandes como una cabaña.

Donde estuvo el poblado de la Quebradona, hay ahora enormes acúmulos de piedra y lodo.

Allá sobre los altos del volcán San Salvador, don Cristiano, pide a la sirvienta otra taza de café. Está leyendo otro libro. El autor es neomalthusiano, también asesor de los dirigentes de las Azores. Plantea que la población mundial bordea peligrosamente los siete millardos de seres humanos; y que los desastres de la naturaleza son de seguro la mano reguladora de Dios, para que la población humana, regrese a niveles sostenibles.

–Pero no –dice don Cristiano a su mujer–, ya dirán estos brutos, que los ricos hemos provocado el aguacero que se desató.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Chicos de la unidad Alfa

I

D
e rodillas, Richard Maine, mal vestido y mal oliente, se empeñaba en recoger unas diminutas perlitas de debajo de una banca del parque Austin. Las colocaba, primorosamente en un papel para liar tabaco.

Se acercó a él otro hombre elegantemente vestido y dijo: –Richard Maine! Primo! Mi primo!

El interpelado levantó la vista, sonrió y volvió a lo suyo.

–No me reconoces?

–Cómo no reconocer tu nariz de Pinocho, primo David?

–No te alegras de verme?

–Cómo no me voy a alegrar? Pero es que necesito recuperar los diez dólares que he perdido debajo de esta maldita banca!

Se puso de pie. Se abrazaron.

–Despreocúpate de eso, aquí tienes cuarenta dólares, de parte mía –dijo, y le alargó un dinero– Mira! En esa planta trabajo yó. Qué te parece si nos encontramos mañana en este mismo lugar a la misma hora? Podría buscar una colocación para tí en la planta!

–Sí! Porqué No? Y gracias por el dinero!

Al día siguiente David esperó en vano. A la hora convenida Richard Maine dormía la mona en un bodegón abandonado. Se durmió prometiendo nunca más intentar liar un porro de crac al aire libre cuando soplara el viento.

Richard Maine había servido en la escuadra Alfa, pelotón Bravo, Batallón Charlie, Quinto regimiento, Primer Cuerpo Expedicionario.


II

En el receso que el juez del tribunal militar decidió a petición de la parte defensora, el capitán Jimmie Culp, abogado defensor del soldado James Barker, hace globos con su goma de mascar y ademanes de aburrimiento. Delibera con su defendido. Barker chupa un caramelo de palillo. A pesar de su mayoría de edad tiene rostro infantil y mirada angelical. Este, aprueba con movimientos de cabeza todo lo que Culp dice.

El capitán y abogado defensor intenta reunir los argumentos necesarios para comprobar que si los inculpados, después de los hechos que se les imputan y que ya han confesado, se dirigieron a su puesto de control para, inocentemente, asar alas de pollo, esto demuestra que los chicos de la unidad Alfa, en el fondo siguen siendo los serviciales boy scout de la infancia, y no los horrendos asesinos que en ellos quieren ver los enemigos de nuestro sistema de libertades.

El soldado James Barker (23 años) había sujetado de los brazos a Abir Kasim (catorce años) mientras el radista de la unidad Paul Cortez (23 años) la violaba. Después intercambiaron papeles. Cortez sujetó a la chica y Barker la violó.

Ambos han declarado previamente al juez, reconociendo el intento, pero creían no recordar que la violación hubiese sido consumada.

Mientras Barker y Cortez hacían lo suyo, el soldado Steven Green (21 años), se dirigió al dormitorio en donde mantenían cautiva al resto de la familia, padre madre y la hermana de seis años de Abir Kasim, acribillándolos con disparos de fusil AK 57, el fusil más efectivo del mundo para ejecuciones a corta distancia.

Acto seguido salió Green del dormitorio hacia la sala de estar y reclamó su turno en la violación de Abir.

Consumado su propio acto, y amarrádose que hubo los pantalones, tomó el mismo fusil AK 57 y colocó la trompetilla en el rostro de Abir, conminándola a que cesara de llorar. Como ella no cesara, le descerrajó un disparo entre los ojos. El resto de la escuadra observaba pasivamente.

Entrenados como estaban para borrar toda evidencia, olvidaron completamente, y así declararon ante el juez que ventilaba la causa, quién o quienes de ellos vertieron keroseno sobre el cadáver de Abir kasim y su familia, lo mismo que no recordaban absolutamente, quién de ellos encendió el cerillo.

Según la ley, si el imputado olvida los hechos, y no hay más testigos a los cuales recurrir, la acusación queda sin efecto; sobre todo si lo actuado se da en el marco de la defensa de las libertades y la democracia.

Es el suburbio oeste, ciudad Mahmudiya, treinta kilómetros al sur de Bagdad.

Los parientes de el soldado Steve Green son gentes influyentes. Green ha sido declarado perturbado mental, y expulsado del ejército, lo cual le ha impedido enfrentar la corte marcial que juzga a sus compañeros, en cambio enfrentará una corte federal que tenga jurisdicción sobre la ciudad donde reside en territorio norteamericano; y por lo que tampoco enfrentará cárcel si es encontrado culpable, en cambio sí, un hospital psiquiátrico.

En el mes de marzo del año 2006, el puesto de control de la escuadra Alfa, pelotón Bravo, Batallón Charlie, Quinto regimiento, Primer Cuerpo Expedicionario, hacía meses gozaba de una excepcional calma. Enfrentamientos y atentados insurgentes se concentraban de Bagdad hacia el noreste.

Los chicos de la unidad Alfa mataban el tedio con tragos de whisky, bebidas energéticas y pollo asado.

Fue así que saciados de hambre y sed, cinco de los miembros de la unidad, jugando golf en el área de recreo improvisada, experimentaron una vez más la frecuente sensación de ser ellos mismos, encarnación de figuras al interior de una ilimitada consola de videojuegos.

En consolas de videojuegos se habían preparado para esa guerra desde la temprana infancia.

Tenían meses de estar situados en el ojo del torbellino, pero nunca experimentaron hambre, ni sed, ni cansancio, ni contacto visual con el enemigo. Una esfera invisible les protegía de los disparos del adversario.

Las acciones trancurrían tal y como en las consolas de videojuegos: cacería de objetivos identificados previamente desde fuera del campo de batalla, los cuales al ser alcanzados se convertían en bolas de fuego diluidas en una atmósfera saturada de humo negro.

Prendió en ellos de ese modo la iniciativa sobre la que habían actuado en consecuencia, luego de lo cual, y por el tedio en que volvieron a caer después de los hechos, se dedicaron a jugar a las cartas y a asar alas de pollo, para saciar el hambre de una guerra situada entre el enfrentamiento real y la ilusión electrónica. Inmersos los chicos de la Unidad Alfa, en la pantalla de un videojuego tan grande como el Medio Oriente, o quizás tan grande como el mundo entero.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Aún hay gente buena

Volver del mundo de los muertos, es para los nonualcos, la más grande azaña del ser humano; ésto se celebra a lo grande. Cuando Yubini, regresó al cantón La Lucha, Zacatecoluca, se lanzaron los pobladores a la calle, en un espontáneo carnaval. El chico fue paseado en hombros por todo el cantón, entre petardos, música y júbilo general.

Pasada la fiesta y ya en la cama, hace como que duerme para no preocupar a los abuelos. Lo que hace es volver a repasar mentalmente, todo lo acontecido. ”No todo está perdido, aún hay gente buena”, decía para sí.

Serafín y Magdalena (sus abuelos) recibieron cinco mil dólares, enviados desde Los Angeles California), por German y Guadalupe (sus padres, a quienes sólo conoce por fotos). Los abuelos mandaron a decir al `chele Paco´ (coyote) que ya tenían el dinero.

Prepararon a Yubini una mochila con una mudada de ropa, unas pupusitas, y la foto más reciente de sus padres. Al momento de partir, colocaron al cuello del nieto un escapulario de la virgen y lo bendijeron.
Tomó el coyote los cincomil dólares, y partieron.

Llegaron a San Salvador; se les unieron otras dos personas. Abordaron un bus hacia ciudad de Guatemala.

No fue difícil que Yubini pasara la frontera; portaba un documento notarial, en el que se hacía constar que viajaba con su tío (el chele Paco).

Atravesaron Guatemala; avanzada la noche llegaban a la frontera mexicana.
Pernoctaron cinco noches en un hostal. El coyote esperaba cinco personas más.

Llegados los otros, cruzaron la frontera hacia México. Tampoco fue dificil. El sello migratorio vale diez dólares por cabeza, sin preguntas incómodas.

Abordaron un bus hacia Nuevo León. Conferenció el chele Paco a solas con Yubini, diciéndole: –Apréndete esta historia: en adelante ya no soy tu tío, sino tu padre. Eres nacido en Oaxaca y viajamos a Nuevo León. Comprendes?
–Sí, comprendo.

A la entrada de Ciudad Hidalgo, abordó el bus un control migratorio. El bus iba repleto. Yubini buscó entre el gentío al coyote para que le recordara la historia que tenía que contar, pero no lo encontró. Cuando lo interrogaron dijo. –Soy del cantón La Lucha y viajo con el chele Paco hacia Estados Unidos.

Con otro grupo de personas fue devuelto a Guatemala. El policía que revisó las pertenencias a Yubini, le devolvió al chico sus utensilios en una bolsa de plástico quedándose la mochila.

En Guatemala fue entregado a un albergue para niños de la calle. Yubini, creyó acelerar las cosas, buscando él mismo la terminal de buses hacia El Salvador. Escapó del albergue con esa intención. Caminó el día entero, preguntando por la terminal de buses. Todo mundo le daba razón de la terminal, pero él no consiguió otra cosa que marearse cada vez más. Cayó la noche; quiso volver al albergue; le fue imposible. Estaba totalmente extraviado y con mucha hambre. Se tiró sobre la primera banca de parque que encontró. No durmió; la noche entera tiritó de frío.

Amaneció. Estaba en Mixco, periferia de la ciudad. El hambre le llevó a mendigar. Su bello rostro le favorecía. Contó su historia a una señora que le regaló plátanos fritos, le dio algún dinero y le indicó cómo abordar un bus hacia el centro de ciudad Guatemala. Así lo hizo, pero en la inmensa capital volvió a estar extraviado.

Pasó una semana mendigando alrededor de un parque sin nombre. No se alejaba para no perderse. Dormía entre los indigentes. Ahí conoció a Patsún Hután, vendedor ambulante de cobijas y artesanías. Patsún lo hizo su ayudante, con la promesa de un día llevarlo hasta la frontera de El Salvador. Le relegó a lo más pesado, cargar con las cobijas.

El itinerario de Patsún sin embargo no fue hacia la frontera de El Salvador, sino a la de México. Yubini lo comprendió cuando vio una señalización que decía: ”Hacia México”. Patsún le prometió que en llegando a la frontera, harían el recorrido en sentido contrario.

Estando en Huehuetenango, Patsún depositó la mercadería en un hospedaje y se emborrachó en una cantina hasta perder el sentido. Hubo de cuidarlo Yubini hasta que despertó, conduciéndolo al hostal. Al siguiente día Patsún volvió a emborracharse del mismo modo, hasta quedar dormido entre una zarta de incoherencias. Al despertar, Yubini le dijo que ya no quería acompañarlo y que le diera algún dinero por lo que había trabajado para él. Como toda respuesta Patsún le dejó otra vez abandonado y sin dinero.

Yubini volvió a Mendigar para poder comer. Entró a la iglesia de Huehuetenango. Buscó al sacristán y le pidió de comer. El sacristán era salvadoreño y solidario. Le dio de comer, reunió algún dinero para él, y lo envió con un grupo de feligreses que viajaban a ciudad Guatemala.
En el viaje les contó su historia. Los feligreses se conmovieron y lo condujeron hasta la terminal de buses internacionales, a que abordara un bus hacia El Salvador.

Lo dejaron ahí sus benefactores, continuando ellos hacia sus asuntos.

Ningún busero quiso llevarlo, porque carecía Yubini de identificación.

Volvió a la calle siempre prefiriendo pedir que robar. Un grupo de mareros lo vigilaba. Le veían sólo. Conspiraban para reclutarlo.

Se salvó. El día que lo asaltarían, un cobrador salvadoreño le ofreció llevarlo hasta la frontera. Así lo hizo.

En la frontera contó su historia a una tendera. La tendera se apiadó de él, le dió de comer y lo recomendó a unos policías guatemaltecos que lo llevaron a la aduana salvadoreña. Un burócrata cara de perro impidió la entrada de Yubini a su país, por indocumentado, y lo devolvió al lado guatemalteco.
Los guatemaltecos hicieron un nuevo intento; esta vez lo entregaron a policías salvadoreños.

Uno de los salvadoreños era zacatense. Se comunicó con la central de Zacatecoluca. De la central se contactaron con los abuelos de Yubini en el cantón La Lucha, quienes, con la ayuda de los vecinos se movilizaron hasta la frontera de las Chinamas, en donde en un mar de lágrimas, recogieron a su nieto.

Habían transcurrido tres meses. Yubini había cumplido catorce años.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Zoofilia cretense







I
Casó Minos rey de Creta con Parsífae, hija de Helios y de ellos nació Ariadna.

Mandó Zeus a Hefaistos, diera forma a Talo, gigante de cobre para que guardara el corazón del imperio cretense.

Acabada la obra de Hefaistos, insufló vida Zeus a Talo, y el gigante recorría tres veces al día el perímetro de la isla de Creta, con la misión de aniquilar cualquier intruso, y lanzar sus despojos al mar. Era invencible.

Fue así que Jasón y los argonautas se vieron impedidos de recalar en busca de alimentos y agua fresca, viniendo de la Cólquida, trayendo en su poder el vellocino de oro.

Medea, amante de Jasón, convocó a las moiras, erinias y las furias. Estas le revelaron el secreto.

Navegó sóla en una lancha hacia la playa Medea, para obsequiar a Talo con el elixir de la vida eterna. Bebió Talo y al quedar dormido, retiró Medea el tapón que retenía en el gigante la esencia de la vida, y al instante quedó convertido en chatarra.

Dos años después de Ariadna, vino al mundo en Creta, Minotauro

Asolaba la isla de Creta, Minotauro, tal que amenazaba la subsistencia del imperio mismo.

Acudió Minos a Dédalo y a su hijo Ìcaro, para que construyeran un indescifrable laberinto, para encerrar ahí a Minotauro, y del que no pudiera salir jamás.

Construyeron el laberinto Dédalo y su hijo Ìcaro, según el deseo expreso de el rey de Creta.

Recurrió Minos a una multitud de campesinos, pertenecientes a un culto de críticos, desafectos y descontentos, para atrapar a Minotauro y conducirlo, guiados por Dédalo e Ìcaro hasta el centro mismo del laberinto.

La absoluta imperfectibilidad del laberinto, quedó demostrada cuando esa multitud de campesinos, incluso Dédalo y su hijo, se vieron incapaces de encontrar el rumbo de salida.

Uno a uno se convirtieron esos hombres, en las primeras víctimas con que el rey Minos, desde entonces, ordenaba alimentar a Minotauro, a costa de sus enemigos; con el supremo objetivo de preservar el imperio.

Dédalo e Ìcaro escalaron hasta lo alto del muro periférico. Estando ahí echó mano a sus materiales y auxiliado por su hijo, construyó Dédalo dos pares de alas anchas hechas con las plumas de zigüeñas que anidaban en los altos. Con esas alas, padre e hijo se lanzaron al vacío. Los ligamentos de las alas estaban fijados con cera, por lo que Dédalo tuvo la precaución de volar por lo bajo y entre las sombras.

El furor juvenil, sin embargo llevó a Ìcaro a volar alto de cara al sol, por lo que, derretida la cera de los ligamentos, cayó al mar y pereció.

Dos veces al año, los estados vasallos estaban obligados a tributar a Creta un pelotón de jóvenes de ambos sexos. Estos eran empujados hacia el interior del laberinto, para que sirvieran de alimento a Minotauro.

Pactó Egeo rey de Atenas con el rey Minos, el combate cuerpo a cuerpo de Teseo su propio hijo, y Minotauro. Si Teseo vencía, quedaría Atenas liberada de tributar jóvenes para alimento del monstruo. El rey de Creta accedió seguro de que Teseo, jamás podría salir del laberinto.

En los preparativos del combate, fue recibido Teseo en el palacio del Rey de Creta. Cuando los ojos de Ariadna se posaron sobre los ojos del huésped, quedaron ambos, tan prendados mutuamente, que prometió él, amor eterno, de salir vencedor. Ella le entregó un ovillo de hilo con la instrucción de que cuando se introdujera en el laberinto, fijara firmente el extremo del hilo en la entrada, y el resto lo fuese deshilando a medida que avanzara.

Al día siguiente de haberse adentrado, salió Teseo del laberinto arrastrando la enorme cabeza de Minotauro, que había tajado con su espada.
Esta victoria del hijo de Egeo marcó el principio de la decadencia de Creta como potencia imperial del Helosponto.

No pocos historiadores atribuyeron esa decadencia a la desobediente actitud del rey hacia Poseidón; y muy a pesar de el orígen divino del propio rey emperador.

II
En una playa discreta, no lejos de la residencia paterna, bañaba, la bella Europa, hija de Fénix, rey de la Fenicia. Por un descuido de sus doncellas, cayó al suelo la túnica con que la protegían, mientras secaba su cuerpo desnudo con una manta de hilo. Zeus que contemplaba la escena desde lo alto, sintió desfallecer; esa noche no pudo dormir.

Al día siguiente que Europa recogía zetas en un bosque cercano, apareciole Zeus en forma de toro blanco, la obligó a montar en sus lomos, y luego huyó con ella hacia la isla de Creta, ante el asombro de las damas de compañía. En ese entonces era Creta un naciente imperio, habitado por marinos, armadores, guerreros, pescadores y pastores, cuyo rey era Asterion.

Poco más de dos años duró el entusiasmo de Zeus por Europa, durante lo cual, nacieron, Minos y Radamante.

Teniendo el padre de todos los dioses que acudir a retomar los asuntos tocantes al gobierno del universo; partió Zeus hacia el Olimpo y entregó a Europa e hijos, a la patria potestad de Asterion, rey sin descendencia.

Heredó Minos el reino, consolidó y ensanchó el imperio

Llegó el tiempo en que consultó Minos a Poseidón acerca de cómo hacerse de un guardián más sabio y poderoso que el mismo Talo, derrotado por Medea. Antes de responder, envió el dios un toro color de oro para que fuese sacrificado en su propio honor en un altar frente al mar.

La poderosa belleza del toro vino a conmover la codicia del rey de Creta, y en lugar de sacrificarlo como era la voluntad de Poseidón, hizo del animal, el semental de sus rebaños.

Montó en Cólera el dios del mar, convocó a Afrodita y conjuró con ella para castigar semejante desobediencia.

Resultado de la conspiración divina, exacervó la líbido en Persífae, a la vez que de Minos hacía presa la impotencia. En su desespero, recurrió la reina al toro de Poseidón, y de ese recurrir, nació Minotauro, mitad hombre, mitad toro, destructivo, homicida y carnívoro.