jueves, 9 de abril de 2009

La dureza de la ley

El gato, junto con el núcleo duro de su clica (pandilla), en fase de instrucción ingresaron al penal de oriente, imputados por la muerte de Boanerges Mora, vigilante raso del penal de Ciudad Tonaca; y veinte homicidios más. A Boanerges le dieron de balazos en la puerta de su casa. La señora Licha reconoció a los asesinos de su hijo, y se dispuso a servir de testigo. –Y cómo no los voy a reconocer, si los he visto crecer desde chiquitos? –dijo ante el juez.

–Le dimos (lo matamos), por órdenes de `la voz´, porque no agarraba la onda (no colaboraba), –dijo el gato, ya ingresado, a Concho, lider de una clica hermana.

–`Testigo criteriado´ es un genial descubrimiento jurídico, capaz de una segunda oportunidad para cualquiera! Puede darte medidas sustitutivas, incluso libertad condicional! –dijo el licenciado Arrieta a Wendy Chinchilla, mientras se vestían después del amor–. Según la ley, testigo criteriado es aquél al que a cambio de información útil, se le atenúa la pena por un delito cometido –agregó.

Ella tomó el dinero ofrecido por Arrieta, y sin contarlo lo guardó entre el sostén y los senos. Confiaba en que siempre le daba suficiente.

Ya habían dos testigos contra el gato. El otro era Wendy Chinchilla. Estaba harta de esa vida. Se disponía atestiguar sobre los hechos en que participó con la clica y emigrar a Estados Unidos.

El juez quinto de instrucción ofreció protección a ambos testigos. Wendy aceptó y la llevaron a vivir a una casa, desconocida para Arrieta, arrendada por la policía en el occidente del país. La señora Licha no aceptó. –Quién le va dar de comer a mi familia? –preguntó al juez.
El juez no contestó.

En el penal, a una señal del gato acudió el vigilante al punto de contacto secreto. –Preparame el celular, –le dijo, y le extendió seis dólares.

El vigilante entró al baño, le cambió chip a su celular, después lo puso a cargar en la oficina.

Cambiar el chip a un celular equivale a cambiar de identidad, entrar al anonimato, a la clandestinidad.

–De quién es ese celular? –preguntó el jefe.
–Mío! –dijo el vigilante, y tendió, con disimulo cinco dólares al jefe (obsérvese: el 83.3 % es para el jefe). .

Primero, se comunicó el gato con el chino, hasta Ciudad Tonaca. –Procedan con el testículo (testigo), –le dijo.
Luego se comunicó con el licenciado Arrieta: –necesito la ubicación del testigo criteriado. –Información clasificada–, contestó el licenciado.
–En cuánto está valorada? –preguntó el gato.
–No menos de diezmil, –contestó Arrieta.

Volvió el gato a marcar el número del chino. –Pasen la balanza (extorsionar), en el barrio Calvario, y le entregan diezmil al licenciado, –le volvió a decir.

Pasaron la balanza a todos los comerciantes del barrio Calvario y entregaron diezmil dólares al licenciado. Este se comunicó con el comisionado protector de testigos. Comisionado: –le atenderé en la otra línea. Entró al baño, le cambió chip a su celular. Volvió a sonar el aparatito. Arrieta explicó lo suyo.
–Información clasificada, –contestó el comisionado.
–Lo se, –replicó Arrieta– ofrezco cincomil.
–Bueno, entonces venga a mi oficina y arreglemos.

Conferenció con Arrieta el chino y entró en acción, era su oportunidad para subir de rango. Convocó al resto de la clica, y aguardaron toda la noche fumando crac. Al amanecer, movilizados en un vehículo de cuatro puertas, encontraron a la señora Licha barriendo el andén de su casa. –Aquí tenés por soplona! Vieja cabrona! –le gritaron mientras le disparaban a la cabeza. Desaparecieron sin dejar algún rastro detectable, según la policía.
Se dirigieron hacia occidente.

Dos matutinos dieron las noticias, sin sugerir vinculación entre ellas: el asesinato de la señora Licha, y la muerte violenta de Wendy Chinchilla, quien antes fue violada con un palo, en el occidente del país.

Sonó el celular del juez quinto de instrucción. Contestó y oyó `la voz´. –Le atenderé en la otra línea, –dijo el juez. Entró al baño y cambió el chip..

Al reanudarse el contacto dijo `la voz´: –deseo hablarle del caso `gato´; como usted sabe, implica diez personas.
–Dígame.
–Entiendo que es un caso sin testigos.
–Así es la nueva configuración de caso. En qué le puedo servir?
–Mi empresa registra pérdidas por la detención de esos empleados míos. Pido nada más se actúe en apego a la ley. Procede sobreseer.
–Eso depende del criterio del juez ejecutor, es decir, mi persona.
–Entiendo, por eso solicito de usted un criterio en consecuencia.
–Esa encomienda no la puede atender un juez, pero la puede atender un abogado particular. El abogado atiende en base a costos procesales y honorarios, no así un juez.
–De acuerdo, por eso enviaré a mi apoderado (Arrieta), a su bufete particular, con el poder de cubrir costos y honorarios.
–De acuerdo! Espero! Hasta luego!
–Hasta luego!

El día de la vista preliminar, se sabía que los testigos del caso ya no pertenecían a este mundo; y sin embargo el juez instructor echó a andar rigurosamente los plazos perentorios de ley, luego de lo cual hizo sonar el mazo contra la madera de la mesa para ratificar el sobreseimiento de los imputados, dada la ausencia de testigos.

Culpables de veinte homicidios. Almenos tres cadenas perpetuas, era la posición de la fiscalía.

Por terrible que sea la conducta de los hombres, siempre tienen un dios a quien orar. Al escuchar la sentencia, los imputados cayeron de hinojos en actitud de oración ante las cámaras de los reporteros de prensa.

Los parientes de las víctimas rompieron a llorar.
El llanto de los ofendidos conmovió al licenciado Arrieta de tal manera, que se puso de puntillas enmedio de la sala y dijo en voz alta para que todos oyeran: –señores! La ley es dura; pero es la ley!

miércoles, 8 de abril de 2009

La factura

Llegado el tiempo de las mayores cotas de produccción agropecuaria, y los silos y almacenes del mundo entero colmando hasta los bordes; entre las capas pobres de la población cundían revueltas y alzamientos a causa que no había suficiente que comer, y el agua potable era cada vez más inalcanzable.
El hambre y la sed, se hacían acompañar de todo tipo de dolencias y enfermedades inocuas para los estratos altos, pero mortales para los hambrientos y desnutridos.
El drama de la exacervada virulencia de los motines populares conmovió a los dirigentes de los ocho países más ricos del mundo, por lo que decidieron darse cita en un idílico rincón del imperio del sol naciente.
Se agregarían a las deliberaciones, las enigmáticas causas que yacen detrás de la destrucción de la naturaleza; la debacle que significa el encarecimiento de los derivados del petróleo.
Y por supuesto, como siempre, los grandes dirigentes aprovecharían la ocasión para el feliz finiquito de ciertos negocios que sólo pueden tratarse de tú a tú; asegurarse que los capitales acumulados duerman el inocente sueño de los paraísos fiscales; y que los exóticos tribunales internacionales se entretengan persiguiendo dictadorzuelos alrededor del mundo.
Llegaron a la cita de noche, con el objeto de comenzar el cónclave de tres días, temprano del día siguiente.
En cuanto el sol comenzó a sobresalir por la tenue línea del horizonte, los mandatarios abandonaron sus lechos, y luego de sus abluciones salieron a los jardines del espléndido alojamiento que les albergaba para disfrutar el paisaje matutino ofrecido por Tayako.
Estallaban los arbóreos ramajes en sonrosadas inflorescencias, y una caótica pero sublime sinfonía de pájaros acompañaba el discreto rumor de las abejorros que acudían puntualmente a la fecundación de los cerezos.
Besaba los límites del jardín un silencioso lago artificial, cuyas quietas aguas apenas eran rasgadas por una bandada de cisnes que parecían nadar al ritmo de las notas de un prodigioso violín que se escuchaba desde algún lugar etéreo de la lejanía.
A su regreso del paseo matinal, los poderosos líderes no se detuvieron en la sala de estar. El noticiero transmitido en televisor ahí colocado, daba cuenta del último de los cayucos que huían del hambre subsahariana, llegado a la costa de Almería, repleto de cadáveres y semicadáveres de hombres mujeres y niños. Eran escenas capaces de estropear el apetito a cualquiera.
Así pues que se dirigieron directamente al comedor en donde ya estaba tendida la mantelería sobre la mesa, y un pequeño pero eficaz ejército de jóvenes de ambos sexos, bellos y graciosos en completo silencio y con porte marcial les esperaba en perfecta formación, listos para colocar ágilmente sobre la mesa los manjares del desayuno.
Un vaso de zumo de cítricos cultivados en las estribaciones del monte Fuji, estaba colocado frente a cada asiento sobre las mesas largas, en número de cuatro dispuestas en cuadrángulo. Y mientras los ilustres comensales bebían a pausas y cuchicheaban con sus vecinos, silenciosamente los servidores ponían a su disposición pastelitos elaborados con harina de patatas frescas (traídas de Suecia, exprofeso). Los pastelitos estaban rellenos de caviar de esturiones de la península de Kamchatka. Servían mitades de tomates israelíes gratinadas al horno con polvo de pan francés y aceite de oliva virgen. Burbujas de zumo de remolachas con grosellas de Los Pirineos. Pastel tropical de queso con salsa de fruta de la pasión. Crème brulée de mango y mousse de plátano. Mitades de aguacates brasileños rellenos con crema de cantarellas y huevas de truchas del Canadá. Pan de calabacitas. Pastel de tres leches. Queso de almendras. Perritos calientes de carne de avestruz. Deditos de queso de los Alpes rellenos con jamón ibérico. Arepitas enrrolladas con huevos de faisán y carne de cerdo de la China. Tostadas francesas con miel de abejas bretonas. Patatas rellenas con paté de hígado de ternera y chorreadas con crema de champiñones….
Algunos de los mandatarios de los ocho países más poderosos del mundo bebieron té lanqués para culminar el desayuno; otros decidieron rematar con el aromático café salvaje de las montañas de la Abisinia.
Plenos, los magníficos comensales se dirigieron a los lavabos, y luego de sus abluciones pasaron al salón para dar inicio a la primera de las sesiones, objeto de la magna cita.
Dos horas más tarde sobrevino la obligada pausa de la merienda. Los atentos servidores iban y venían sirviendo, hilos de caramelo de aceite. Pastel de chocolate sin harina con coulis de frambuesa. Profiteroles Rellenos de Helado de vanilla cubiertos con salsa tibia de chocolate. Pastel de chocolate lava y helado de vainilla con nueces y pistacho. Cubiertos de calabaza. Manzanas encamisadas con ambrosía de polen de flores montañesas. Empanadas de vino o cerveza. Gelatina de durazno. Gelatina de piña. Gelatina de mango y manzana. Leche envinada. Leche quemada. Jalea de higo. Pastel volteado de piña. Rollos de guayaba … Y más café salvaje de las montañas abisinas; luego de lo cual se reanudaron las deliberaciones.
De este modo, alternado caminatas entre los cerezos en flor, sentadas en el comedor, y sentadas en el salón de sesiones se debatieron los problemas más acuciantes y críticos del planeta Tierra, que como cangrejos indóciles amenazan constantemente a escapar del recipiente en que están contenidos por la férrea voluntad de los más poderosos líderes mundiales.
Al final del tercer y último día de arduas deliberaciones, completamente agotados, al borde de la extenuación, decidieron los grandes dirigentes, recurrir al inextimable auxilio del cocinero Katushiro Namakura, para reponer drásticamente las energías gastadas en el supremo esfuerzo.
Así pues, que a la hora de la cena de esa última jornada de sesiones, el ilustre cocinero japonés inauguraba una ceremonia gastronómica propia del Olimpo.
Se abrió paso a un profuso desfile de aperitivos… Aceitunas aliñadas, bacalao deshebrado, anchoas con queso, boquerones en vinagre, cecina de león al aceite de piñones, croquetas de cigalas, mejillones en vinagre, champiñones al ajillo, mojamas con almendras y cebollas… Habían cinco generosas alternativas para rociar estos pequeños bocadillos…: Chivas Regal, Jack Daniels, Bourbon Four Roses, Ballantinés, y Sake proveniente de las bodegas imperiales…
Vinieron las entradas.
Adafina de dos carnes, albóndigas de manitas en salsa de trufas negras, caldereta de bonito, caracoles con ortigas, cazuela de verdinas con pato, solomillo de buey con setas y verduras, coliflor con bacalao, fabes con almejas, fabes con rabo de buey…
Hasta que por fin, los platos fuertes! Con lo cual se aconsejaron los vinos apropiados.
Château Lafitte, 1950. Château d’Yquem, 1955. Penfolds Grange Hermitage, 1960. Heval Blanc, 1960. Château Mouton-Rothschild, 1962. Inglenook Cabernet Sauvignon Napa Valley, 1964. Montrachet Domaine de la Romanée Conti, 1970. Romanée Conti, 1971. Romanée Conti, 1970. Chateau Petrus, 1972…
Fueron servidos ánades en pétalos de rosa; flor de calabacín rellena de salmón con sus huevas en crema agria; tournedós de cordero en milhojas de manzana; anguilas ahumadas en mostaza añeja y pistachos verdes; hígados grasos de ganso (foie gras) a la cebolla; paté de riñones y mollejas de cordero con guisantes; pato a la menta relleno de morcilla; langosta al chocolate y salsa de trufas blancas; pescado en salsa de mostaza; bistek a la romana en estofado de trufas negras; tortitas de papas con tocino; Lechón horneado en salsa de tomates; pastel de neonato de res en escabeche de ajo; molletes rellenos con puré de güicoy; coliflor al gratín; tomates rellenos con mozarella de leche de búfala…
En las olímpicas alturas, como el arma nuclear, o la informática, la gastronomía pertenece al culmen de la ciencia, la técnica y de las artes. Cada banquete es la apoteosis fugaz del disfrute, el placer del estómago, del poder y la política; de la concupiscencia de la economía. La evolución de la etiqueta. A ésta se debe el abandono del talante de Pantagruel, de permitirse encambio el consejo de Epicuro, para que no haya necesidad de recurrir a la antiestética de los vomitivos, como se estilaba en el imperio de los césares.
A diferencia de aquella época, hoy día el disfrute de un banquete a la altura de los estados más poderosos de la Tierra, tiene sus secretos. Más que comer se busca paladear lentamente cortada en finos retazos la brevedad de la parte esencial de cada manjar, y deglutir pausadamente esa parte esencial de manera que se deposite cuidadosa y ordenadamente, en un asimismo breve lugar de el saco estomacal, porque el arte consiste en, sin perderse uno sólo de los platos servidos, llegar indemne al feliz momento de los postres, los vinos y licores digestivos. Los comensales más poderosos del planeta conocen el secreto. Tienen harta experiencia. Hartas horas de vuelo en el dominio de este arte, y por eso trinchan y cortan cuidadosamente cada bocado, se lo llevan con absoluta delicadeza, cualquiera diría, ceremonialmente, a la boca, mastican místicamente y cruzan, mientras entornan los ojos, alguna leve frase con sus vecinos, a uno u otro lado del asiento, sobre un tema cualquiera, antes de pasar a la próxima vianda, haciendo a un lado el plato ya degustado, imperceptiblemente vacío, del cual han tomado con toda la etiqueta posible, estrictamente, aquella parte esencial.
Se dio paso a los postres.
Pastel de chocolate sin harina y coulis de frambuesa; pastel tropical de queso con salsa de fruta de la pasión; profiteroles rellenos de Helado de vanilla cubiertos con salsa tibia de chocolate; pastel de chocolate lava y helado de vainilla; crème brulée de mango; mousse de plátano y helado de nuez… A cada uno de éstos, tal y como lo demandan los reglamentos de la etiqueta y la alta gastronomía, corresponde un particular digestivo… Grand Marnie; Martell; Sambuca Nero; Baileys; Frangelico; C. de Mendoza; Gran Duque de Alba; Hennessy XO; Hennessy Paradis; Don Julio Real; Drambuie; Amaretto; Calvados Pays d’Auge…
El punto final fue elegible. Se podía poner tanto con el ambarino aroma de el té de las llanuras de Bengala, o con el negro café de las montañas del Yemén. Luego de los consabidos besos y abrazos, el cónclave de los mandatarios más poderosos del mundo y sus contados invitados llegó al final.
En realidad, el verdadero acto final sucede ante las cámaras y micrófonos de los medios de prensa y televisión.
Llegó entonces el momento de frente al nutrido y ansioso grupo de periodistas, declarar que no hubieron acuerdos, sólo recomendaciones.
Se recomendaba no dar crédito a la especie de que es la especulación financiera la causante de la crisis y de la carestía de los combustibles y de los alimentos. Por alguna razón que escapa a la comprensión humana, las verdaderas de estas causas, se mantienen aún en la categoría de lo enigmático e irreconocible.
En cuanto al medio ambiente, se dijo, sería inoficioso impulsar alguna medida concreta, pues no estaba científicamente comprobado que el trastorno climático mundial estuviese vinculado a la emisión de gases de efecto invernadero. Tampoco es fehaciente que la muerte de los ríos se deba a los residuos químicos que se vierten en sus aguas.
El mercado se rige por sus propias leyes inexplicables, se añadió. Por esta razón se dispuso, en el recién concluído cónclave, renunciar al vano intento de anteponer reglas al inexorable curso y brutal de la economía; sobre todo porque igualmente indemostrable es que la pobreza tenga algo que ver con el flujo o el reflujo de la oferta y la demanda.
Cada uno de los tres días que los mandatarios estuvieron reunidos, ochocientos sesentidós millones de personas de la población mundial se vieron impedidos de comer o de comer lo suficiente por razones de carestía y pobreza; veinticinco adultos murieron por inanición, y trecientos niños por la misma causa (datos recogidos en areas urbanas y semiurbanas accesibles. Los datos de las zonas más remotas del planeta no se conocen).
Los altos dirigentes no se explican porqué a pesar de los acuerdos tomados en citas anteriores, y a pesar de las extraordinarias cosechas de los últimos años, la pobreza y el hambre, en vez de reducir, aumentan en el mundo entero.
La imposibilidad de comprobar que el hambre esté relacionado con la utilización de gran porcentaje de las cosechas de cereales para fabricar combustibles de vehículos automotores, se declaró, fue el mayor obstáculo para que la cumbre culminara con alguna medida en concreto.
Finalmente se explicó que los trecientoscincuentiseismil trecientoscuarentiseis de euros que aparecen anotados ahí en donde hubiesen sido anotados los acuerdos, de haberse producido, no significan ningún presupuesto para alguna acción inicial. Esta anotación era la cuenta que hizo llegar la gerencia del hotel anfitrión, en concepto de factura.

martes, 7 de abril de 2009

Louise

En aquella época (igual a la nuestra), que las exigencias patronales a la servidumbre incluían atenciones sexuales, nació en 1830 Louise, hija sin padre de Marianne Michel, sirvienta en casa del terrateniente Demahis.

Convertida en mujer y maestra de escuela, lejos ya de la tutela Demahis, Louise Michel dirigió el rescate a favor del pueblo, de los cañones que la Guardia Nacional abandonaba, bajo el asedio de París por las tropas de Bismarck.
Pocos días después, la hija de Marianne Michel, al frente de un grupo de mujeres del barrrio Montmartre, trataba de impedir que los guardias del general Thiers se reapoderaran de dichos cañones para trasladarlos a Versalles.
Pretende Thiers desarmar al pueblo republicano, que defiende París; dejándolo a merced del asediante prusiano.

El oficial comandante ordena a los guardias de Thiers disparar sobre las mujeres aferradas a las piezas de artillería. Por el contrario, los guardias disparan al oficial, todo lo cual se convierte en detonante de la primera insurgencia de obreros y soldados, triunfante en Europa; que sin embargo, se hace con el gobierno de la ciudad, no por la vía armada, sino por la del sufragio. En el poder, se instala como la Comuna de París. Su brazo armado: milicias de la Guardia Nacional, republicana.

El contexto es de tres fuerzas contendientes. El monárquico Gobierno de Defensa Nacional, encabezado por Thiers, con asiento en Versailles.
Las tropas de Otto von Bismarck, asediando Paris.
Y la conjunción de obreros parisinos y guardias nacionales, en su cometido histórico de instaurar el poder popular y la república, a la vez que rechazar el asedio prusiano..

Fue aquello un destello de luz proletaria de tres meses de duración, que sin embargo, reclamando el poder para los trabajadores, hacía del monárquico Thiers y del imperialista Bismarck, aliados naturales entre ellos, y confabulaban en su contra.

Aquel ajetreo de antiasedio y revolución vibraba en alma femenina. Louise Michel en el comité de vigilancia o en el comité de seguridad pública. Louise Michel defendiendo los muros, alzando barricadas o cavando trincheras. Louise Michel atendiendo inválidos y niños o reclutando mujeres. Louise Michel discursando al pueblo o proponiendo ante el consejo comunal; supervisando la alimentación de las milicias, u organizando la guardia nocturna…

Grande era, empero, la desventaja estratégica de la Comuna de París. Nacida internamente a los muros parisinos, aislada, sin aliados extramuros; doblemente asediada: enemigo interno (Thiers); enemigo externo (Bismarck).

En el reparto de papeles, se dedican los asediantes a la distracción de las milicias de la Comuna. En tanto desde su cuartel general, Otto von Bismarck ha facilitado el rearme y la recomposición de las tropas de Thiers, que se posesionan en la intersección del Sena y Neuilly, desde donde lanzan gran ofensiva sobre los reductos comuneros extramuros. Emplazan ahí sus piezas de artillería que machacarán infernalmente, día y noche los cuatro costados de París, cuando los parisinos ya no tienen, pólvora, munición, ni de comer y beber.

Después de Espartaco, es la Comuna de París la segunda gran rebelión de los esclavos en continente europeo. A los comuneros, igual que los seguidores de Espartaco, a la derrota militar sucede el holocausto. La leyenda de Louise Michel no ha hecho más que comenzar.

Al momento de ser deportada Louise con otros sobrevivientes al archipiélago Nueva Caledonia; exremo sur, Océano Pacífico, ya era musa de Víctor Hugo. Mas tarde lo fue de Paul Verlaine.
Confinada, a la vez daba forma a incesantes discusiones y foros entre los deportados, que se entregaba a la asimilación de la cultura y lengua de los nativos kanaka. Fundó para ellos una escuela de educación básica; los educó en historia y anarquismo, europeos. Les apoyó en reorganizar, actualizar y sistematizar la lucha anticolonial que se mostraba esporádica desde la década de los cuarenta.
Organizó encuentros solidarios con sublevados de La Cabilia (Argel) que llegaron después de ella a compartir confinamiento.

Amnistiados los comuneros, 1880, regresa Michel a París. A partir de entonces no hubo acto anticolonialista o anarquista, dentro o fuera de Francia, en el que no interviniera. Ardiente su estilo oratorio. Incendiarios su versos y sus prosas (además era poetisa).
Tampoco hubo coyuntura en la que no fuese detenida, interrogada, apresada; deportada si estaba en el extranjero.
Presidió quince años, honorariamente, la lucha por la amnistía de los rebeldes argelinos confinados, que culminó con éxito en 1895.
Cumplida pena de dos años por los desórdenes de 1883, fundó en Londres la escuela libertaria para hijos de refugiados.
Entre 1881-1896 bregó junto a Kropotkin al intento de estructurar la Internacional Anarquista.
1886. Sentenciada a cuatro meses por apoyar a los mineros de Decazeville.
1888. Escapa herida a un atentado y defiende al criminal de la ira popular.
Es detenida en la demostración del primero de mayo de 1890 y declarada demente.
Arrestada en Bélgica y deportada, por conspiradora. 1897.
A partir de 1897 hace del triángulo, Londres, París, Edimburgo, el eje de su acción agitativa y de la publicación de sus obras escritas.
1899. Se suma a la defensa del capitan Alfred Dreyfus, confinado en Isla del Diablo, falsamente acusado de traición.
Recorrió Francia. Regresó a Nueva Caledonia. Viajó a Argelia, para examinar in situ la situación de los luchadores anticoloniales.
9 de enero de 1905. Su corazón no puede más, deteniéndose a los setenticuatro años de ardua lucha cotidiana. Durante sus funerales, 22 de febrero, estalla la revolución rusa de 1905, apenas preludio de la revolución de octubre que entregó todo el poder a los soviets de obreros, soldados y campesinos.

Igual que con Sonia Ramírez, quien tiene la suerte de un encuentro con Samía Talbi, recibe una saludable y amena conversación, o un buen libro –por supuesto en calidad de préstamo!–. Así tuve, por gracia de Samía, en mis manos la biografía, Louise Michel, del australiano Nic Maclellan. Colección Vidas Rebeldes. Editora Ocean Sur (www.oceansur.com).

lunes, 6 de abril de 2009

Mayoría de edad

Per Erik vio alejarse el bus enmedio de la noche helada y sintió un golpe de angustia en pleno pecho. Y sin embargo, hizo un supremo esfuerzo por no desconcertarse y recobrar la serenidad. Quiso regresar a casa de Hans Åke, pero se lo impidió la vergüenza. Aunque bien abrigado, tiritó de frío. No había alternativa. Comenzó a caminar a casa.

El 28 de diciembre del 2008 cumplió diez años. Los años requeridos particularmente por él, para reclamar la mayoría de edad. El sábado 10 de enero se le presentó la oportunidad de comprobarlo.

Luego de cenar en casa de su amigo Hans Åke, en el barrio de Oxbacken, celebraron entre ellos, todavía, otra jornada de conversaciones y juegos. Se dedicaron a comprobar una vez más, capacidades y funciones de sus respectivos teléfonos móviles. A las siete y media de la tarde, recibió la llamada de su madre: hora de volver a casa. Per Erik, sin embargo, quiso esperar a que dieran las nueve. Sería la prueba de fuego. Las nueve de la noche es la hora en que cogen llave automáticamente las puertas de los edificios de apartamentos; la hora en que sólo los mayores deberían permanecer afuera. El no vivía en un edificio de apartamentos, pero esa hora era buen punto de referencia. A unos cuantos grados bajo cero, la prueba habría de ser más fidedigna. Haría alarde de ello en la escuela.
Sin que su amigo notara, contaba los minutos. Poco después que el reloj marcara las nueve, echó Per Erik su movil a la bolsa de la chaqueta, chequeó las llaves de su casa, se despidió de su amigo y salió a la calle hacia la parada de la línea de buses que hacen su recorrido desde el centro de la ciudad hasta Bäckby Norra, su barrio. De Oxbacken a Bäckby Norra, bien puede haber media milla de distancia.
Eso de preparar con demasiado tiempo de anticipación el móvil, para que aparezca la imagen del tickete de bus en la pequeña pantalla, es cosa de chiquillos. Se limitaba a repasar el orden en que se pulsan las teclas, mentalmente. Lo que hace un adulto es echar mano al móvil en el mismo instante en que aparece el autobús, entonces teclea ágilmente en el orden debido, hasta que aparece en la pantalla el tickete figurado, y luego se muestra hasta cierto punto, con desdén, al conductor del autobús; y asunto concluido.

Esa noche la suerte no estaba con él, precisamente. Quiso correr, para economizar tiempo, o quizá porque todo ser humano, normalmente se acongoja ante la noche. Pisó un tramo de hielo sin arenilla y cayó sobre el piso helado estrepitosamente. Se levantó. Hizo caso omiso al dolor de las magulladuras y retomó la marcha a paso impetuoso. A poco, a la altura de Kronvägen, advirtió una silueta conocida: un perro de ataque que corría hacia él, en silencio pero amenazante. Peor sería correr. Quedó de piedra. Un hombre gritó una orden en la sombra. El perro se detuvo y volvió mansamente hacia el hombre. Completamente asustado, Per Erik reanudó la marcha.

Cuando cruzaba la calle de entrada a Ringduvegatan, un auto salía desconsideradamente veloz. Ante la menuda sombra del chico frenó escandalosamente sobre el resbaladizo asfalto hasta dar un medio giro sobre si mismo. El sobresalto de Per Erik fue el inicio de una nueva carrera. Avistó las luces de Råby Centrum y se sintió aliviado. Probablemente estaba a medio camino. Tomó el atajo de Fredriksberg. De Tornsvalegatan venía saliendo un ruidoso grupo de jóvenes, fanáticos celebrantes del sábado. Un envase vacío de cerveza, vino hacerse añicos casi a sus pies. Bajó corriendo la cuesta del sendero de bicicletas. En la oscuridad, dos chicos competían en sus montañeras. Justo en el cruce se toparon con él. Uno de ellos frenó aparatosamente. El otro logró sortearlo a escasos centímetros y siguió de largo, a toda velocidad, la cabeza vuelta atrás para gritarle: –Jävla idiooot…!!!
Alcanzó Per Erik la zona industrial y caminó de prisa. Sabía que superada la zona industrial, abordaría Puddelugnsgatan. Al final de Puddelugnsgatan, Bäcby Centrum, y después, casa!

Tenía la alternativa de tomar el atajo de Svenska Kyrkan, que es más oscuro. Sin embargo a lo lejos, Bäckby Centrum parecía tranquilo y más iluminado. Se decidió por esta ruta. Al instante de pasar por la pequeña fuente, dio un salto nervioso al rugido de dos beodos que bebían algo. Confundidos en la oscuridad discutían acaloradamente y despotricaban a grandes voces. Siguió de largo. Alcanzó Välljärnsgatan y quedó frente a su barrio. Entonces corrió como desesperado hacia su casa. Abrió la puerta. Entró raudo. Sus padres quisieron requerirlo por haber tardado tanto, y por no contestar el teléfono. Per Erik no quiso hablar con nadie. Fue directo a su cuarto y se encerró con llave.

En su pequeña alma no había odio, ni rencor. No podía haberlos. Para bien o para mal, a esa edad el odio y el rencor aún no se han permitido la germinación. Sólo había quizás en Per Erik, cierto miedo. Desconcierto, talvez, ante la naturaleza de la sociedad y de la calle.

En la parada, habiendo visto llegar el autobus, había tomado el movil, tecleado correctamente y mostrado orgullosamente la pantalla al conductor.

Abundan adultos que por razones perfectamente explicables se sienten esclavizados en su trabajo. Viven rumiando un odio feroz, no a las circunstancias que les esclavizan, sino, a ciegas, talvez a la sociedad o a su propio pasado. Odiar a la sociedad es odiarse a si mismo; odiar el pasado es odiar la niñez propia.

El móvil de Per Erik se descargaba. El tickete de autobús no se veía con toda claridad en la pequeña pantalla. El conductor puso cara de perro, le miró con odio y le ordenó abandonar el bus. Las veintiuna y treinta horas. Varios grados bajo cero. Era la noche nórdica, brutalmente impenetrable. Un viento helado bajaba silbando desde el septentrión.
Era también la aventura de Per Erik en su privativa edad como mayor.

jueves, 2 de abril de 2009

Oráculo

En aquel tiempo en que sectas endotéricas eran capaces de poner en jaque los valores ideológicos sustentados por el sistema y el Estado; de estas sectas, aquellos sacerdotes que alcanzaban el fanatismo místico eran elevados a la categoría de gurús, y los que caían en la locura eran elevados al rango de oráculos.

Estimulados adecuadamente con oro, plata, obras de arte, y cédulas hipotecarias a favor de la secta, los oráculos eran capaces de auscultar el futuro que el destino deparaba a los peregrinos que desde regiones remotas venían a estimular de ese modo sus propiedades de videntes.

(Los niños, los borrachos y los locos, son los únicos capaces de hablar con la verdad [dicho popular]).

Para el mejor desempeño de su función, la secta construía a los oráculos una especie de confesionario. En el confesionario había un reclinatorio en donde humildemente se prosternaban aquellas peregrinas almas, a la vez adineradas, poderosas y acongojadas que llegaban a consultarle.

En esos tiempos la conversación con el oráculo no era ágil y expedita como la que los pecadores de hoy hacen con su confesor en los confesionarios de las basílicas de las grandes ciudades, o de templos humildes de pueblos dispersos entre la topografía campesina.

A veces la sentencia del oráculo llegaba hacia el peticionario en forma escrita. Pero al leer el escrito, este peticionario no encontraba un mensaje claro y llano, sino un enigma que a su vez requería el concurso de otros sacerdotes, sabios, o generales de Estado Mayor para descifrar su contenido.

Otras veces la respuesta del oráculo llegaba en forma verbal. El consultante entonces (como el pecador de hoy día), estaba impedido de ver el rostro de su confesor. Para tal efecto, hábilmente se construía un conducto en forma de tubo hueco que desde algún recóndito lugar llegaba hasta el reclinatorio en donde se prosternaba el consultante. A través de ese conducto acústico se dejaba oír la voz del oráculo, que tampoco hablaba ágil y claramente.
Por el alma de ese tubo viajaba una voz como venida de ultratumba, que desgranaba igualmente enrevesados enigmas a grandes pausas; igual como conversa hoy día con sus consultantes el físico londinense Stephen Hawkin, quien impedido de hablar a causa de una severa enfermedad, lo hace mediante un sintetizador electrónico de voz a razón de una o dos palabras por minuto; y la complejidad y lo enigmático de lo expresado por Hawkin se presta a múltiples interpretaciones.

En aquel tiempo, adquirió fama la consulta que Herodes Antipas hizo al oráculo Urim, de lo cual sus asesores interpretaron que debería eliminar a todos los críos de Belén para asegurarse en el trono de rey de Israél.

Antes había sido la visita de Alejandro Magno al oráculo de Amón Ra, el cual le señaló los enemigos internos a eliminar, y la ruta a seguir hacia la India.

Mucho más antigua fue la desesperada consulta de Edipo al oráculo de Delfos, a fin de poner en claro lo que le deparaba su tormentoso y aciago destino.

Hoy día, igual que antaño, peregrinan los científicos del mundo a escuchar cada vez más ansiosamente lo que ha de revelar con su extraña voz y sus dilatadas pausas Stephen Hawkin, en respuesta a preguntas que estos peregrinos de hoy le han hecho llegar al físico londinenese con semanas de antelación.
Al decir de los que consultan de este modo a Hawkin, éste eminente físico cuyo cerebro es destruído lentamente cada día, por una Esclerosis Lateral Amiotrófica, tiene las exactas respuestas a las incógnitas que agobian en demasía a los científicos del mundo de hoy.

Y a pesar de su vastísima memoria y su profunda capacidad analítica, cada vez que concurren hasta Hawking los científicos del orbe, éstos le consultan una y otra vez las mismas cuestiones:

En donde comienza y en donde terminan el tiempo y el espacio…?

En qué momento y de qué modo se formó, y en qué momento y de qué modo acabará el universo del que somos parte…?

Es verosímil la afirmación que el capitalismo desregulado amenaza la catástrofe global…?

Cuál es el futuro y el destino del ser humano sobre la faz de la tierra…?

Y a los que peregrinan hasta Hawking, él siempre da las mismas respuestas mediante los mismos enigmas enunciados de diferente modo.

La última semana de septiembre del 2008, que el oráculo de Londres (como le llaman algunos irreverentes), estuvo en Santiago de Campostela, España, en donde había citado a sus peregrinos, una vez más, Stephen Hawking volvió a responder:

El tiempo y el espacio son finitos. Estos no pueden existir más allá del universo. El universo también es finito, pero no tiene límites.
Según la mentalidad humana hay dos opciones en disyuntiva: el universo y el hombre son producto de una voluntad divina, o son consecuencia de un proceso natural. `Yo estoy´ dijo, `por esta segunda opción´

La ciencia está próxima a demostrar, dijo, que el principio y el final de universo es un Bing Bang.

De no cambiar el rumbo de la actividad y la mentalidad de los hombres en el planeta tierra, agregó, será muy difícil evitar la catástrofe ecológica global, de aquí a unos cien años. Y si antes de la catástrofe se ha logrado descifrar y manipular a cabalidad el genoma humano; entonces los científicos crearán in vitro, al hombre perfecto, el superhombre, incapaz incluso de enfermar, envejecer y morir. Pero una vez surgido el superhombre, y en el marco de la catástrofe ecológica global, entrará éste en conflicto con los simples y defectuosos mortales que hicieron posible su existencia; entonces construirá el superhombre una estación espacial que le permitirá vivir en el cosmos por tiempo indefinido. Mientras tanto en la tierra, si los simples mortales no perecen a causa de los venenos industriales liberados y el desastre global, habrán retrocedidos a la edad de piedra, incapaces de sospechar sus orígenes y su historia pasada.
Tampoco el superhombre será eterno. Existirá hasta el día en que una lluvia de meteoritos destruya su estación espacial.
Hemos dicho ya que los enigmas del `oráculo de Londres´ se prestan a múltiples interpretaciones. El destino de los hombres, según una de éstas interpretaciones, se cumpliría de tal ominosa manera, sólo y únicamente, en caso que éstos no rectifiquen su recalcitrante mentalidad capitalista, de irregulada industria, irregulada economía y cero solidaridad.

lunes, 30 de marzo de 2009

Verdades y mitos del Valle de Las Hamacas

(a Lena y Marzia)

Hago un ejercicio de concentración, para rememorar datos de Don Santiago Ibarberena, y me invade la mente una nebulosa que ensombrece mis sentidos, dejándome a merced de las tinieblas. Busco en la lista de las bibliotecas; he buscado en Internet, y obtengo idénticos resultados.

A pesar de la monumental obra a dos tomos: ”Historia de El Salvador” escrita por este humanista cuscatleco (Cuscatlán o Valle de las Hamacas), –primera mitad del siglo pasado–; hemos llegado a los albores de la segunda década post acuerdos de paz; nos adentramos a pleno siglo XXI, y Don Santiago Ibarberena, es todavía un ilustre desconocido en su propia tiera, en las aulas de Ciencias y Humanidades, en la red Internet, y en las bibliotecas del mundo.

La razón es controvertida, puesto que diecisiete años después, la potencialidad de los acuerdos de paz, apenas ha afectado -por no decir obviado totalmente-, la invalidez del sistema educativo vigente en el Pulgarcito de las Américas.

La causa, intuyo, es que don Santiago, fue un científico auténtico, a quien le tocó vivir la consolidación de un ambiente político hostil y autoritario, estilo y método de la clase política, en la que la labor científica es considerada subversiva, cuando no está bajo la tutela del establecimiento. Hablamos de una voluminosa obra maestra de historia natural y social, en la que Centroamérica y El Salvador son analizados desde el ángulo de sus épocas geológicas originarias, mediante un vigoroso método dialéctico, que oscila entre la generalidad de la geología universal, hasta la particularidad de la geología salvadoreña; y desde la particularidad de la socio-geografía salvadoreña, hasta la generalidad de su potencialidad histórica.

Una era antes de la última glaciación, los océanos se unían a nivel de lo que es hoy el istmo centroamericano. La gran cuenca del Golfo de México ya existía producto del impacto de un cometa gigantesco sucedido una era aún más temprana. La geografía de lo que es hoy, de Guatemala, a Panamá, se fue levantando, desde el fondo del mar, producto de la acción volcánica y del choque de la placa Cocos , sustrato del Océano Pacífico; y la placa Caribe, sustrato del Océano Atlántico.

Cuando las primeras migraciones asiáticas que pasaron el estrecho de Bering alcanzaron la región centroamericana, ésta era ya tierra de lagos, y volcanes activos. Una geografía altamente sísmica, pero suelos de gran fértilidad, entonces los indetenibles nómadas, encontraron suficientes razones para invitarse al sedentarismo, estableciéndose allí las primeras comunidades pre-nahuas.

Otro embrión de civilización, desarrollo de medios de producción y de arquitectura mesoamericana, surgió en la región sur del Golfo de México, unos mil años antes de nuestra era, bajo la influencia de una posible corriente trans oceánica, semítica, llegada a la costa del Tehuantepec, probablemente, naufragada: los pre Olmecas, constructores de pirámides circulares. Más tarde y por la misma influencia, dió origen al período pre Maya, poco más al sur este de la cuenca del golfo.

En los albores del primer milenio de nuestra era, florece el primer imperio Maya y se detecta el inicio de la cultura Tolteca, al noreste del Valle Central, del istmo de Tehuantepec.

Poco después del breve, pero colosal paso de los Toltecas por la historia; en el Valle Central, custodiadas por las crestas nevadas del Popocatépetl y el Ixtaccihuatl, las ciudades blanqueadas de Texcoco y Tlacopan embellecen las orillas del Lago de las Garzas y los Tulipanes.

En el siglo XI de nuestra era, arriban al Valle Central, los Tenochca, que serán el nucleo de los futuros mexica (aztecas), de los que, en los albores de su establecimiento, se desprende Topiltzín Atzitl, con sus huestes, hacia el sur oeste, por la costanera del Pacífico, fundando los núcleos pipiles, cuyo desarrollo resulta en cieta simbiosis Maya-Nahua, hasta más allá del valle Cuscatlán o Valle de las Hamacas, bautizado así por los antepasados de Atlacatl el viejo, debido a las consecuencias derivadas de estar situado en línea recta del choque principal de las grandes placas tectónicas que se dá, a la breve distancia de un centenar de kilómetros mar adentro de la costa del Océano Pacífico, hacia donde iluminó las erupciones del Izalco, las noches de los navegantes pre mochicas, en su ruta hacia El Perú.

Lejos quedaban ya los fundamentos de la futura Tenochtitlán, que los mexica construían sobre chinampas en el centro del lago del Valle Central, cuando allá en el corazón del istmo de volcanes humeantes, el consejo de brujos de los núcleos pipiles, descubrió que en el principio de los tiempos, la región en la que un día se establecerían los pueblos regidos por la estirpe Atonatl (*), era una región oscura, por lo que el Nahuaqui, con un sólo puntapié hizo levantarse al volcán Izalco, y colocó en su cúspide una antorcha encendida. El estruendo fue terrible, tal que Jaigua, la que acumula las nubes en el cielo, del puro susto lloró copiosamente durante cuarenta días con sus noches. El llanto de Jaigua se remansó en el cráter Coatepec, formando ahí un hermoso lago, Poco más al este de esa región, y siempre siguiendo la costanera del Pacífico, con otros golpes de su pie, fue el Nahuaqui levantando una cadena de volcanes. Jaigua volvió a llorar. Esta vez su llanto se remansó en el crater Ilopango, en el propio corazón del Valle Cuscatlán. El valle Cuscatlán fue dispuesto por Tloque Nahuaqui, el supremo hacedor, sobre un tejido de hamacas, para que los hombres y mujeres de la estirpe de Atlacatl, rindieran culto permanentemente a Tezcatlipoca, el señor del más allá y de las grandes cavernas subterráneas.


(*) Hay quien postula que Atlacatl como Atonatl no es una individualidad, sino una estirpe de gobernantes pipiles. Atonatl el joven, heredero de Atonatl el viejo, indignado porque sus combatientes retrocedían ante la caballería de Pedro de Alvarado; él mismo al frente de un puñado de valientes acometió, clavando con su lanza la pierna del conquistador a su caballo, en la memorable batalla de Tacutxcatl, a orillas del Zenzunapán.

viernes, 27 de marzo de 2009

Ostrero

Así como de Dios, igual que del amor, cada hombre necesita en la mente la prefigura de la muerte. Son iconos que toman forma en la infancia. Los niños perciben por primera vez, en algo, en alguna cosa cotidiana, la cercanía de Dios, del amor o de la muerte. Ese algo pasa a ser parte de la particular iconografía de cada quien, tan propia como pueden serlo las huellas digitales.

Para Cabrera Infante, la muerte era el asesino del tiempo. Para otros puede ser un relojero, una calavera o un esqueleto portador de una guadaña. Para no pocos grecos sigue siendo el rechoncho hermano gemelo de Eros (Anteros). Y se necesitaría un profundísimo psicoanálisis freudiano para aproximarse a discernir, el porqué para Rufino Sánchez, a pesar de ser un hombre de mar, la muerte era una señora alta que le servía una taza de café.

Como dormido, haciendo un arco con el cuerpo, con el vientre hacia arriba, brazos y piernas flácidos y hacia atrás, flotaba muy lentamente hacia la superficie Rufino Sánchez desde el fondo del mar. El agua agitaba del mismo modo que agita las algas, su melena india enrojecida por el yodo. De la muñeca izquierda, apulserado, colgaba un cincel; de la muñeca derecha un martillo de dos cabezas.

La suerte le llevó a emerger exactamente a un costado de ese especial vehículo flotante que construyen los ostreros del Puerto de la Libertad, para realizar su oficio: alrededor de una cámara inflada de esas que se utilizan al interior de las llantas de los vehículos, tejen con cuerdas una red en forma de zurrón que queda colgando bajo el hueco interior de la inflada circunferencia de la cámara. Con un objeto cualquiera, pesado y de metal, o con una piedra grande, atada al extremo de otra cuerda larga, proveen a esa peculiar nave de ancla.

Sobre esa peculiaridad ensamblada con sus propias manos, se tiran al mar tumbados de vientre, reman con las extremidades hasta colocarse frente al acantilado del zopilotero. Al pie del acantilado, a unos diez o quince metros de profundidad se tiende un arrecife sin nombre, cuya población de ostras parece inagotable.
Tiran el ancla y despúes de un breve encomendarse a Dios; se sumergen. En la diestra el martillo, en la siniestra el cincel, hasta el arrecife. Cincelan al tronco los mogotes de ostras. Ya despegadas de la roca, cogen un puñado de ellas entre los brazos y el pecho, regresan cuidando de emerger justo a la par de la cámara anclada. Utilizan el mismo ímpetu conque saltan a la superficie para depositar en el hueco de la cámara la brazada de ostras que quedan retenidas en el zurrón tejido de cuerdas. Se sujetan con un brazo de la cámara para tomar aliento. Aspiran otra bocanada de aire y así vuelven los ostreros una y otra vez a la carga hasta que el zurrón esté colmado, de modo tal que ese cargamento adquiera al menos el valor de un salario mínimo, puesto en el mercado.

Luego de un breve descanso, vuelven a echarse de bruces sobre su nave, para impulsarse de nuevo hasta la playa.

Más que la rentabilidad del oficio, a Rufino le atrapa la posibilidad de tocar con las manos el paisaje submarino. Privilegio de contadas almas capaces de contener la respiración, nadando bajo el agua, rangos de entre cinco y diez minutos. Hay casos místicos en ese gremio que alcanzan quince minutos de imersión o veinte. Son considerados semidioses. Donde quiera que van les envuelve una involuntaria áura de autoridad.

Nunca quiso Rufino colocarse a la altura de los místicos. Le bastaba su propia capacidad de permanecer cinco minutos bajo el agua, para ganarse la vida robándole ostras al arrecife.

El mar estaba sereno. Esto, le permitía atestiguar un paisaje submarino abigarradamente conmovedor.

Aspiró enorme bocanada de aire y se sumergió. Al instante estuvo frente a un mogote de ostras que crecía sobre la conjunción de tres rocas. Cinceló al tronco de la mejor manera que pudo. Al ceder el mogote, atrapó las ostras en un amoroso abrazo.
Las más de las veces el destino es un algo totalmente impredecible.
Quiso el destino que la cojuntura de esas tres rocas fuese un hueco en donde la cabeza del martillo apulserado en la diestra de Rufino, cazara, como en un rompecabezas con exactitud absoluta. Y quiso ese mismo destino que ya adentro del hueco formado por la conjunción de esas tres rocas enormes, la cabeza de ese martillo, virara hasta colocarse en posición transversal a la figura del hueco donde se había introducido.

Buscó Rufino apoyar los pies sobre algún punto del arrecife para facilitarse el impulso hacia la superficie. Fue en ese instante que sintió un algo que le sujetó el brazo derecho por la muñeca. Comprendió lo que pasaba. Las ostras estaban hermosas.La brazada había sido bien lograda. De modo pues que sin soltar su valiosa carga, se limitó a aliviar la tensión del brazo para que la doble cabeza del martillo se liberara de la trampa, con la misma facilidad con que había penetrado en ella. Creyendo la maniobra suficiente, volvió a iniciar la ascensión, pero la cabeza del martillo no salió. Historias parecidas había oído muchas en las reuniones del gremio; de modo que se permitió de nuevo la inflexión de, sin soltar su valioso cargamento, aliviar la tensión del brazo, procurando que la cabeza del martillo descendiese un tramo, se colocase en la posición correcta y pudiese liberarse. No hubo resultado! Volvió a intentarlo, una y otra vez, hasta que los violentos latidos del corazón le obligaran a soltar las ostras abrazadas. En ese mismo instante viniendo del fondo, apareció esa señora alta que traía a servir para él una humeante taza de café. La dama se detuvo en seco y regresó por el mismo camino que traía, cuando del brazo flácido, la cabeza del martillo se colocó en la posición correcta, salió de la trampa y Rufino comenzó a flotar hacia la superficie.