martes, 9 de junio de 2009

Táctica

Tomó la palabra el emperador:

”Mayor peligro es la codicia de nuestros patricios que las hordas que nos asedian!
Los artesanos trabajaban día y noche, acuñando montañas de moneda sólo para pagar a los acreedores del Estado.
Tales acreedores ocupan asientos aquí mismo en el senado.
La plata sólo alcanzaba para bañar el bronce.
Los mercaderes replicaban elevando precios hacia el infinito.
Una carga de monedas por una hogaza de pan. Un odre de monedas para una túnica….Un carromato repleto por un techo precario.
Unicamente los patricios bebían vino.
El hambre aconsejaba rebelión a los ciudadanos….
Sólo la audacia de mi padre (putativo), que le condujo a las minas de plata de los britanos, pudo salvarnos del desastre….”

El senado aplaudió de pie. Después aprobó erigir una estatua al padre putativo del emperador, en Camulodunum, capital de los Trinovantes.

El presupuesto presentado para construír el pedestal estaba notoriamente elevado, porque el subsuelo del sitio escogido por el gobernador era cenagoso. El presupuesto se aprobó. Razones de incumbencia sólamente para el ministro de obras, determinaron que el maestro a cargo del pedestal tuviera que proceder sólamente con la mitad de lo presupuestado; entregara la obra a tiempo; y no ha lugar a cambio de sitio.

Murió Prasutago, rey de los icenos. A Boadicea, su mujer, aliviaba la congoja, el hecho que por carecer de un hijo varón, el rey había nombrado heredero de su reino al emperador.

El emperado no era de compromisos con los débiles. Sus tropas se lanzaron a la rapiña. Incautaron las tierras, saquearon las propiedades, violaron las mujeres; incluso a la viuda del rey y a sus hijas. Desde entonces, la única razón de las hijas de Boadicea y de ella misma, fue combatir al ocupante. Vencer o morir en el campo de batalla.

Sesionaba el consejo de Icenia. Habían dos tendencias. Una, la de imitar los métodos imperiales de guerra: dejar la familia en el hogar. Marchar al frente en formación legionaria, detrás de escudos tan grandes como la estatura de un hombre. Industrializar la elaboración de picas y espadas. Descartar a las mujeres como combatientes.

La otra tendencia, mayoritaria, consideraba indigno combatir de ese modo. El ánimo de las mujeres es necesario en el campo de batalla. Las familias deben asistir al combate en calidad de auxiliares. Cada combatiente deberá elaborar sus propias armas inspirado por el dios de la guerra. Evitar la indignidad de gruesas corazas y pesados escudos. Evitar la indignidad de combatir como un armadillo acorazado por los cuatro costados, como hacen las legiones imperiales.

Pidió Boadicea votar. Por la primera tendencia se oyó un murmullo desaprobatorio. Por la segunda, estalló un estruendo de voces y un bosque de picas alzadas.

Se oyó el tropel de un caballo. Era un heraldo trinovante llegado de Camulodunum. Se dirigió a Boadicea y dijo. –El gobernador y las legiones embarcaron hacia La Mona bajo la lluvia. Cesada la lluvia, la estatua estaba en el suelo!
La viuda del rey buscó los ojos de la hechicera. –Es el designio de los dioses; el augurio que esperábamos! –dijo.
De nuevo estalló el estruendo de voces y se alzaron las picas hacia arriba.

Sin pérdidad de tiempo bajaron los icenos hacia Camulodunum. Adelante marchaba una informe masa de infantería de breves escudos, y armas igeniosamente disímiles; algunas de ellas recién inventadas. Atrás de la infantería una inconcierta y grande agrupación de carros tirados por caballos. Eran carros de combate. El primero de ellos era conducido por Boadicea. Su hija mayor tripulaba como flechera. La menor como lancera. Atrás de los carros las mujeres, los niños y los viejos, a paso más lento marcaban el paso del resto.

Al alba, en el mismo orden que marchaban irrumpieron entre las defensas de Camulodunum. Llegado el sol al cenit toda construción imperial estaba en llamas; al caer la tarde, todo prisionero pasado a cuchillo.

Atendieron sus heridos, comieron, bebieron los icenos y durmieron entre las ruinas.

Al alba del día siguiente continuaron hacia el sur. El grueso avanzó sobre Londinium. Un tercio rodeó la ciudad a colocar una emboscada por la única ruta que accedía desde el sur. A la misma hora que era incendiada Londiniun, en la emboscada estaba siendo aniquilada la legión que acudía en auxilio.
Utilizaron la mísma táctica con idéntico resultado sobre Verulamium.

Volvió el gobernador a toda prisa con un ejército numeroso. Descifró que la meta de los rebeldes eran los asentamientos de la costa sur. Desembarcó. Colocó sus legiones a dos días de marcha sobre la ruta traída por el enemigo, a fin de descansar lo suficiente.
Los dioses favorecieron al gobernador. Lo colocaron sobre un paso obligado en forma de callejón de paredes escarpadas. Las paredes le protegían los flancos. Al extremo sur del callejón colocó, al centro la infantería; a ambos flancos la caballería, y se puso a esperar.

Aproximadas la huestes de Boadicea al extremo opuesto del paso, avanzaron dispuestas a arremeter en el mismo orden que marchaban.

Las líneas delanteras de las cohortes legionarias colocaron sus grandes escudos hacia los atacantes, borde con borde, formando una sola pared de cuyos intersticios, sobresalían largas picas afiladas; las líneas interiores colocaban los escudos sobre sus cabezas.

Lanzaron los icenos flechas y venablos sin concierto alguno. Las legiones lanzaban ordenadas andanadas a la voz de un centurión. Arremetieron en furiosa masa los icenos. Las picas legionarias eran largas, los escudos icenos, breves. La pimera oleada dejó la vida a los pies del borde delantero. Sucedió lo mismo con la segunda, la tercera, la cuarta ola de ataque….. Las legiones formaron en `cabeza de jabali´ para iniciar el contraataque. Se dió señal a la carga de caballería. La masa de atacantes era tres veces superior al número de legionarios. Retrocediendo en estampida los icenos, chocaron contra sus propios carros. Se formó el caos. En formación de `cabeza de jabalí´, avanzaron las legiones entre el caos, y comenzó la gran matanza.

Aquellos que sobrevivieron, entendieron la importancia decisiva, de la reacomodación de la táctica según las circunstancias.

lunes, 1 de junio de 2009

Arresto Domiciliar


Desde la terraza del palacio, hacia el noreste se domina el mar. Hacia el suroeste, un paisaje de torres extractoras de petróleo sobre el desierto. Al oriente, entre el mar y el desierto, un monte cuyo nombre da lugar a una disputa fronteriza e idiomática.

Desde lo alto, hay una extraña perspectiva. El techo del kiosko del jardín de los granados es la conjunción por sus vértices de cuatro triángulos equiláteros. Las jaulas de los guepardos se ven como un pequeño tren sin locomotora. El techo de la caballeriza es una innumerable sucesión de minúsculas geometrías; el patio de las palomas mensajeras una ciudadela de pagodas.
Hoy que el hijo del emir permanece día y noche en el palacio, triplica la servidumbre el esmero por la eficacia y la disciplina. Conocen su temperamento. Hacen un supremo esfuerzo por no provocarlo.

Hacia el borde sur de la terraza, en una mesa de cedro a cuyo costado hay un sofá colgante, también de cedro, está servido el desayuno. Una jarra de zumo de granadillas; pan ázimo; queso de cabra bañado con aceite de oliva aderezado de azafrán; huevos pasados por agua hirviente; un cuenco de plata rebosante de dátiles maduros; y una tetera que exhala el aromático vaho del té ceilandés.
La mesa está bajo un quitasol cuya tonalidad hace juego con el despejado azul del cielo, que hacia el noreste declina progresivamente hasta unirse con el azul del golfo.

Sentado sobre el sofá colgante, el príncipe se muestra inapetente. Hay melancolía en sus ojos y mira el mar con indiferencia. Por orden del emir le está prohibido salir de su residencia. El príncipe cumple, aunque no hayan guardias que custodien las salidas del palacio. Es que hay en el principado, algún guardia capaz de profanarle impidiéndole el paso?

La gravedad de la crisis parece no estar en los hechos mismos; sino en el idetenible desarrollo de la tecnología.
El invento de la cámara de video ha venido a desbaratar la infalibilidad de la palabra de los príncipes.
Ha negado con rotundidad los hechos que le imputan, pero existe una secuencia que él mismo pidió filmar, para divertirse después y divertir a sus amigos.

Sus órdenes aún son infalibles, aunque sólamente dentro del principado. Ordenó la absoluta destrucción del archivo de su filmoteca particular, y así se hizo. Un traidor sin embargo, ya había hecho circular parte del archivo por la red Internet.

Unos treinticinco años habrán transcurrido desde esa tarde que, aún impuber, por expreso deseo de su madre acudió al consejo del muftí. Le dominaba la tendencia a la mordacidad, al escarnio, al goce ante el sufrimiento y la desgracia, ajenos. Esto terminaba por alejar de él las amistades que más apreciaba; mas lo peor de todo era que cuando quedaba solo, le asustaba escuchar la voz de su propia conciencia que le recriminaba.

Las perspectivas trazadas por el muftí, extrapolaban largamente hacia el futuro objetivos a muchos años plazo; de modo que no sólo le consoló y absolvió. Además le animó a enfrentar con autoridad principal la voz de la conciencia. –Hay cosas que para los demás están vedadas y castigadas –le dijo–, pero no para vos, porque vos sois príncipe. Al pueblo alcanza los designios del creador en las palabras salidas de la boca de los príncipes, y obra el altísimo a través de sus actos.

Pasado el umbral de la pubertad, el hijo del emir, experimentó en sí mismo, el imperioso mandato de las hormonas. Ya no le bastó que el azar colocara ante él la desgracia de otros. Sintió el irrefrenable impulso de provocarla. Trascendió, mucho más allá de efrentar con autoridad la voz de su conciencia. La anuló, la maniató; dispuso encerrarla en un calabozo a cadena perpetua. Lo hizo. Luego de correr el cerrojo y cerrar el candado de la reja, lanzó la llave al profundo foso de los caimanes.

No obstante, nadie, ni siquiera sus guardaespaldas, podrían asegurar que llegara a realizar todos los actos que se proponía. Sea por inoportunidad, o por evitar caer en evidencia, no pocas de las principescas aventuras quedaban en la categoría de fantasía o sueño. Estas podían, incluso, ser más frecuentes que los hechos concretos, y le satisfacían de igual manera. Le llevaban a una especie de culmen orgásmico. Pasado lo acontecido, evidentemente, obviaba el plano en que había sucedido.
Fantasía?, sueño?, realidad? No tenía la menor importancia. Lo importante era el orgasmo.

Algunas mentes perversas, dan a entender que se trataba de planes morbosamente concebidos y cuidadosamente planificados, pero las evidencias significan lo contrario. La casualidad, no la causalidad, o talvez una suerte de tedio existencial, jugaba un papel indefinitivo.

Se despojaba de atuendo reales y salía a la calle de incógnito, acompañado de sus guardaespaldas. Tripulaban camionetas todo terreno con vidrios polarizados. Su blanco favorito eran inmigrantes.

En el video de la polémica protagoniza una escena en varios actos:

En el acto primero, aparece maniatando a un inmigrante, le introduce arena en la boca, mientras le grita acusándolo de ladrón estafador.

En el segundo acto, echa mano a un fusil de guerra y dispara sobre el hombre maniatado, con el cuidado que los disparos sólo rozen la piel de su objetivo. Aterrorizado, el inmigrante llora y suplica por su vida.

Acto tercero, deja el fusil, toma una picana eléctrica, aplica descargas a los genitales y al ano de la víctima; golpea el cuerpo yacente con una tabla profusa de clavos; le vierte un líquido inflamable sobre la ingle y prende fuego; luego de lo cual, pide a gritos, sal a sus asistentes, y aplica sal sobre las heridas del hombre que gime desesperado.

En el acto final, se coloca el príncipe al volante de un auto de doble tracción; lo hace retroceder procurando que las llantas traseras trituren el cuerpo que sangra sobre la arena. Después, se alejan de la escena, festejantes, los hechores, creyendo dejar atrás un cadáver. Pero el hombre no estaba muerto.

No tuvo otra alternativa el emir, que ordenar el arresto domiciliar.

jueves, 28 de mayo de 2009

Bárbaro

Antes que vuelva salir el sol estaré muerto. Lo sé. Nunca me interesó la hechicería, pero cualquiera sabe que en la sangre está la vida, y estos farsantes que me rodean no han podido detener el hilo de sangre que mana de mi nariz.

Dormí un instante, me soñé llorando y al despertar me invadió la melancolía. Mal augurio. Como los hombres de mi pueblo, no recuerdo haberlo hecho nunca. Claro! No he sido ajeno al llanto! Todo hombre o mujer llora al nacer.

Esto comenzó por la mañana. Se ausentó de mí la memoria. No recordaba que horas antes había desposado con Ildiko, hija de nivelungos; ni que estaba en ciernes mi unión con Honoria, hermana de Valentiniano. No supe qué hacía ahí, en campo abierto rodeado de mi séquito avistando el horizonte. Hizo presa de mí un fuerte mareo, como si hubiese bebido demasiado Sekah (leche de yegua fermentada), y caí del caballo. Mis asistentes me ayudaron a retomar la cabalgadura pero no pude. Los hechiceros han no podido evitar que mi nariz siga sangrando todo el día.

La vida escapa de mí por la nariz. En los intermitentes momentos que duermo, sueño con el tiempo que ya pasó, y con la loba.

Ah Teodosio! Valentiniano! Marciano! Bárbaros nos habeis llamado, porque nuestras costumbres no son agradables a vuestros ojos!
Estamos a mano porque a nos, lo abominable anida en las costumbres vuestras.

Nosotros vivimos libres bajo el ancho cielo, respirando aire puro, compartiendo los bebederos con las criaturas de la naturaleza.

Vosotros vivís amurallados, hacinados en la insalubridad, respirando el hedor de vuestras propias excresencias, asociados a las ratas, las moscas y las cucarachas, asolados por la peste que revive cada cierto tiempo de vuestras propias inmundicies.

Bárbaros nosotros, porque desconoceis nuestra lengua?
Nuestro idioma es prohibido a los vasallos. Con los vasallos tratamos en su propia lengua.
Vasallo es quien paga tributo a un señor!
Decid!
Quién paga tributo a quién? Atila a Roma, o Roma a Atila?
Con vuestros embajadores tratamos en Latín, con los griegos en Griego, con Alarico en Godo, con Genserico en Vándalo, con Teodoredo en Visigodo…, sin auxilio de traductores!

Cierto, no escribimos nuestra historia, nuestras tradiciones, el devenir de nuestra política y gobierno. Acaso lo necesitamos?
Historia, tradiciones y leyes, las guarda cada hombre, cada mujer, cada funcionario, cada caudillo nuestro, en la memoria.
Cada tarde cultivamos la memoria, bajo las estrellas, después de saciado el hambre alrededor del fogón, tertuliando los relatos de los viejos.

Me acusais de fraticida!
Desconoceis el viril ejercicio que dirime la irreconciliable opinión entre dos hermanos: el duelo total, con toda arma y sin testigos. Uno sólo es el ungido de los dioses!

Me acusais de rapiña y perjurio!
Pretendeis ignorar que la codicia de vuestro obispo en Margus, le empujó a profanar, y robar las tumbas de nuestros padres, quebrando así el tratado de paz vigente?

Decís de mí, derrotado en los campos catalaúnicos!
Y omitís que en el contraataque el supuesto derrotado vence en Aquileya, Padua, Mantua, Vicenza, Verona, Brescia, Bérgamo, Milán…. Media Italia!

No ha lugar me acuseis de tiranía, de soberbia o megalomanía.
En guerra o en paz, en cualquier sircunstancia, mi presencia es accesible al caudillo de más alto rango o al más humilde combatiente. Al extranjero es prohibido pronunciar mi verdadero nombre. Sólo le es accesible mi cometido, Atila, que significa `padrecito´. Por grandes sean los festejos, nuestra moral de gobierno exije, mientras a la corte se sirve en bajilla de plata, al padrecito se sirve en cuenco y copa de madera.

Incapaces de complicados cálculos, ejercicio intelectual, y empresas, nos decís!
Queréis desconocer que nuestro punto de partida es el invento del arco recurvo asimétrico, cuyos dardos superan en dos tercios el alcance de los dardos romanos, con una fuerza de choque capaz de atravesar las corazas de vuestra caballería?

Quereis ignorar que el territorio sobre el cual hemos organizado la pacífica convivencia de innumerables pueblos, va desde las estepas del Asia central, hasta Germania, y desde el Danubio hasta las islas del Mar Baltikum…?

Quereis obviar que nuestras unidades ofensivas, por reglamento militar, se componen de sesenta mil combatientes a caballo?… Que somos capaces de dirigir hacia un sólo punto, decenas de unidades ofensivas…?

La fabricación del arco recurvo implica un año. Teneis idea de los cálculos necesarios, para garantizar la puntual armamentización de cientos de miles de combatientes, dispersos por todo nuestro territorio; el ejercicio intelectual requerido para que impedimenta, pertrechos y vituallas para sesentamil hombres y el doble de caballos, avancen al mismo ritmo de la fuerza, y se aproximen en secreto a su objetivo?

Es risible que afirmeis que la mano alzada de León I, ese viejo de mirada melancólica, nos impidiera el paso hacia vuestra capital occidental. No estaba en nuestro plan! La oceánica vastedad de nuestras tropas, nos obliga a actuar como el mar. Fue el momento de reflujo, que nos hizo volver grupas y regresar….

… Un humilde pastor puso en mis manos el poder de la venganza. La adoración de un dios usurpador dividía a los hijos de la loba. En sentido contrario siguió el rastro de sangre que traía hacia él una res herida; lo condujo hasta la espada de Marte que yacía semienterrada. Puso el pastor esa espada en mis manos. Al instante escuché la voz que me decía, con esta espada me vengareis…

…Sólo arrasamos ciudades negadas a nuestra misión vengadora y al vasallaje…. Nuestro mensaje ha sido de convivencia entre los pueblos…. Los hunos no somos tantos… Esas miríadas de miríadas de combatientes bajo nuestras órdenes, son miles de otros pueblos que encarnan la venganza… El mensaje de los hunos ha sido la vida al aire libre, en armonía con las criaturas de la naturaleza… Un mensaje fraternal y no de odio…
…Son vuestros frailes avasallados por el temor y el escándalo con que los educaste vos, que a la vista de nuestros estandartes, corren despavoridos, gritando, ahí viene!, ahí viene!, el azote de Dios! …………………

viernes, 15 de mayo de 2009

Subasta

Se sirvieron sendos vasos de wiskey. Eran mentes asombrosas. Ambos socios se complacían en mostrar reciprocamente, un perfecto dominio mnemotécnico de el decurso de los índices del mercado financiero, y las fluctuaciones del mercado de futuros. A ratos hablaban en ingles, a ratos en francés, y salpicaban lo conversado unas veces con imprecaciones hebreas, otras veces con imprecaciones árabes. La crisis era profunda, pero ellos pertenecían a los que tienen la zartén por el mango. No sin cinismo, se sabían de antemano, salvados. Bebían y chasqueaban la lengua pensativos frente a los troncos que se quemaban en la chimenea. Buscaban nuevos argumentos en los laberintos de sus respectivas mentes. Estaban, más que asustados, indignados.

El bandido Cao Ming Hao, casi había logrado secuestrar las dos piezas de bronce macizo valoradas en treintidós millones de euros, precio de salida, que ellos habían sacado a subasta, de la millardaria colección del difunto magnate, por encargo de sus deudos. El mazo del subastador, cayó pesadamente sobre el atril ante la billonaria oferta de Ming Hao, que superó en más del doble la mejor de las pujas.
Por suerte, en el transcurso del finiquito, pudo ponerse en evidencia el plan del chino: poner manos sobre las piezas, y luego negarse a pagar. No logró apoderarse de ellas, pero sí logró colocarlas en el ojo de una disputa semilegal que las transformó en insubastables.

Había gran diferencia entre los hombres del wiskey, y Ming Hao, ellos sólo conocían el precio de salida de las enormes cabezas de bronce macizo. Hao sin embargo, conocía su historia.

En aquel tiempo no era sed de cocaina, sino sed de opio, que atomentaba a las potencias occidentales. En ésto, sobre la misma ruta de la seda, habría que trazar la ruta de la adormidera. Los extranjeros, actuaban coaligados.

En el terreno de las argucias, el emperador Qing actuaba astutamente. Se complació observando a los soldados occidentales acostumbrarse al consumo de resina de adormidera que mezclaban con tabaco. En el momento oportuno, decretó el emperador la prohibición de todo comercio de opio en todo sus territorios, y mandó confiscar los veintemil cargamentos de resina destinados a abastecer el mercado. En el martirio del síndrome de abstinencia, los extranjeros, pidieron humildemente al emperador, la legalización y el libre comercio del estupefaciente. A la negativa de Xianfen Qing, los europeos pasaron a la brutalidad.

Mediante ataque por sorpresa y se apoderaron de Guangzhou. El próximo paso fue el bombardeo naval de Hai He, en donde las defensas imperiales quedaron inutilizadas. Las fuerzas navales extranjeras se reagruparon en Hong Kong. Desde aquí lanzaron el indetenible desembarco de Pei Tang, y el devastador ataque terrestre sobre Ta Ku. Desde aquí, la ruta hacia Pekín quedó espedita. Hacia allá marcharon los extranjeros y se atrincheraron ante la gran puerta oriental el veintiseis de septiembre. El seis de octubre irrumpieron hasta el centro de la gran plaza de la ciudad prohibida. Xiangfeng Qin había escapado por la gran puerta de los leones hacia Chengde.

En el centro de la gran plaza celestial, formaron los invasores a los funcionarios y sirvientes de todo rango de la corte imperial que habían quedado. Uno a uno fueron interrogados minuciosamente con el auxilio de intérpretes traidores. Una sóla era la pregunta: en qué bodega están concentradas las veintemil cargas de resina confiscadas?

Antes de morir por las torturas, un eunuco quiso burlarse de ellos, expirando con un acertijo en los labios: ”…entre los primeros animales que acudieron al llanado del gran Buda, encontrareis vuestro destino…”.

En la lengua mandarín, el sustantivo `destino´, es sinónimo de`meta´, que significa `lo que se busca´.
Atando cabos, descubrieron los interrogadores que una alegoría de Buda y el zodíaco adornaba el jardín central de Yi He Yuán; y hacia allá se encaminaron.

El eunuco quiso decir que el destino de los invasores está entre los animales más despreciables, porque fueron la rata, el cerdo y la serpiente, los primeros que acudieron al llamado de Buda. Después de éstos, acudieron los otros nueve del zodíaco.

Saquearon los extranjeros el palacio de Yi He Yuán, y desmontaron pieza por pieza el enorme reloj de bronce del jardín central. El reloj es una enorme estatua de Buda, rodeada de doce cabezas animales. Son los animales que acudieron a su mandato en la hora decisiva. Cada una de esas cabezas de bronce macizo, marca una hora del día o de la noche, manando agua por el hocico. El flujo de agua va diminuyendo a medida que se extingue la hora marcada.

No encontraron los extranjeros ahí, ni su destino, ni su meta, ni lo que buscaban, pero el retirarse, dejaron en llamas el palacio y llevaron consigo las piezas del reloj de bronce, que después jugadas a los dados quedaron dispersadas por los cuatro rumbos del mundo occidental.

A la muerte de Chou en Lai, Li Ming Hao, padre de Cao Ming Hao, fue depurado de la Guardia Roja. Con gran peligro para su vida, se refugió entre los Taoifú, secta clandestina mezcla de confuncianismo y taoismo. Uno de sus dogmas místicos establece que una a una, las piezas del reloj de agua de Yi He Yuán, volverán a marcar las horas del día y de la noche en el sitio original de donde fueron desmanteladas. El día que eso suceda, será el verdadero despertar del gran dragón. Esta secta educó al jóven Cao Ming Hao. Cuando Deng Xiao Ping proclamó el principio: `Enriquecerse es glorioso´, Cao Ming se trasladó a Hong Kong, en donde en poco tiempo se hizo millardario como agente financiero.

Los hombres del wiskey que hablaban una mezcla de francés, inglés, árabe y hebreo ante la chimenea encendida, solían exagerar cuando un negocio no salía según lo calculado. En el limbo de la insubastabilidad, las piezas de bronce, que eran una cabeza de conejo y una cabeza de rata, dijo uno al otro: –Estamos arruinados!
–De ningún modo –respondió el otro–, aún tenemos en nuestro poder las gafas y las sandalias de Mahatma Gandhi!

martes, 5 de mayo de 2009

Amalthea

Un luminoso y excepcional meteoro, de los muchos que suceden en el cosmos, tiende a exacerbar el espíritu de los hombres, y cuando quedan encendidas varias noches sucesivas a causa de un fenómeno, como el meteorito caido en la tundra de Tunguska el primero de julio de 1908, habría de exacerbar multiplicadamente los ánimos de quienes fueron testigos de ello. Los rompehuelgas que la patronal sueca contrataba desde Inglaterra, para liquidar las jornadas de lucha obrera que se sucedían unas tras otras, podrían haber visto en ese meteoro una estrella de oriente que les señalaba un rumbo promisorio.

Los jóvenes socialdemócratas de la corriente socialista que se reunían a discutir la coyuntura en los puntos de encuentro de Malmö, pudieron haber percibido en el fenómeno celeste, el incentivo anímico para actuar sin más dilación de tiempo, y se lanzaron a la lucha.

La situación era desesperante. No estaba activado algún fondo de huelga. Decenas de miles de obreros de la industria azucarera y obreros portuarios estaban en pie de lucha. Decenas de miles de obreros de la construcción estaban siendo despedidos. En una época en que no existe seguro de desempleo, ni ayuda social, la sola amenaza de desempleo es asunto de vida o muerte.

En las tertulias vespertinas de los jóvenes socialistas se había enfocado, desde inumerables ángulos, el fenómeno de la clase obrera transitando, según lo previsto por Carlos Marx, desde una conciencia de clase en si; hacia una conciencia de clase para si.

A pesar de su juventud, eran capaces los jóvenes socialistas, con ayuda de los más viejos, y algunos historiadores, de retroceder en el tiempo, por ejemplo hasta 1849, cuando la gran sequía encendió la lucha al final de la cual, ceden los terratenientes y campesinos con poder adquisitivo obtienen tierras.

La satisfacción de los nuevos propietarios de tierras, dura poco. Los grandes terratenientes introdujeron las primeras máquinas agrícolas. Los pequeños capesinos cuyas fuerzas productivas siguen siendo manuales, pierden la competencia.

La industria agrícola es inicio de acelerada e imparable industrialización de la economía y la sociedad, suecas. Sobrevienen, la industria maderera, la industria de extracción, la industria textil, la industria metalúrgica…. Entonces los campesinos arruinados, y los campesinos pobres que nunca accedieron a la tierra, se ven inexorablemente empujados a la condición de obreros industriales.

Igual que en el resto del mundo capitalista, las condiciones de trabajo, y las condiciones de existencia de los primeros obreros industriales eran espantosamente crueles. Los niños trabajaban codo a codo con los obreros adultos. No existía ni remota idea de la labor sindical. Se cumplían jormadas de hasta quince horas, en condiciones insalubres, sin ninguna protección o seguridad laboral, a cambio de salarios que apenas alcanzaban para la manutención del propio trabajador, y mucho menos para la manutención de su familia.

Pero la naturaleza del obrero es instintivamente emancipadora y rebelde. Sobrevino la primera huelga obrera en Suecia. La gran huelga de Sundsvall (1879).
En el marco de la crisis del comercio internacional, baja la demanda de madera. La industria mederera reacciona despidiendo obreros, reduciendo los sueldos a una mayor miseria, y exigiendo al Estado préstamo de tres millones. Baja la demanda de granos básicios entre los obreros. Los comerciantes y especuladores replican vendiendo los granos al mercado externo. Se elevan los precios a niveles inalcanzables…. Se dispara espontáneamente la gran rebelión.

Para no pocos, la gran huelga de Sundsvall marca el despertar de la clase obrera sueca a la conciencia para sí, pues la conmemoración del vigésimo aniversario de esta espontánea gesta, desembocó en una larga jornada de cuatro meses de lucha por la libre sindicalización que involucró decenas de miles de trabajadores de diversas ramas industriales.

Hubo al interior de los sindicatos formados al calor de la lucha, muchas penumbras que opacaban el rumbo a seguir. Entonces, como un cometa luminoso que alumbra el camino, recorre Suecia de norte a sur August Palm diciendo a los obreros: la lucha: clase contra clase; objetivo: el socialismo.

A la estela que dejaba August Palm tras de si, abrieron los ojos los mineros de Norberg. Se dieron cuenta que desde hacía mucho libraban dos luchas simultáneas: contra el invierno, y contra la voracidad de los patronos. El invierno no era tan cruel, como eran las miserables condiciones en que eran obligados a trabajar. Corría el invierno de 1891. La patronal de la industria minera anunció despidos y rebajas salariales. Estalló la rebelión en el interior de las minas. Las revueltas duraron un año completo. Los mineros no hubiesen resistido tanto, si las mujeres de Norberg, no se hubiesen hecho cargo de la logística alimentaria.

Al final los mineros de Norberg fueron derrotados, pero su heróico ejemplo sirvió de base para los debates analíticos que se sucedieron al interior de la socialdemocracia, y entre la corriente socialista. Los debates fueron intensos y prolongados. Concluyeron diez años más tarde: paso previo al socialismo es la Democracia.
El primero de abril de 1902, quincemil trabajadores marcharon en Estocolmo hacia la Casa del Pueblo. La lucha por la Democracia y el voto general, había estallado!

Esta contienda también fue ardua. Movilizaciones, cargas policiales, huelga general, desembocaron en prolongada lucha parlamentaria.

En el marco de esta dilatada lucha, la patronal portuaria, presumía haber encontrado la fórmula perfecta para liquidar la acción sindical de los obreros: importar rompehuelgas desde Inglaterra. Estalló el combate de los trabajadores portuarios de Malmö en contra de la artimaña patronal.

Rompehuelgas ingleses dormían en el buque Amalthea anclado en la bahía. Se unirían a otros que ya actuaban en tierra.
Se formó un espontáneo comando socialista. Anton Nilsson, Algot Rosberg y Alfred Stern. Fabricaron un potente artefacto dinamitero. En una lancha a remos alcanzaron su objetivo. Adhirieron el artefacto al casco del Amalthea. Activaron el encendido y se dieron a la fuga. Tras la explosión hubo un muerto entre los rompehuelgas. Nilsson y sus compañeros eran luchadores revolucionarios, no asesinos. Su objetivo era disuadir. No matar a nadie. Defender los intereses de la clase obrera y nada más.

sábado, 25 de abril de 2009

Acción de gracias

Sólo los ojos asoman entre las vendas que envuelven la cabeza de Jonh Mackingley. Parece una momia egipcia. Donde debían de haber fosas nasales y boca, asoman cánulas de plástico. Pero no ha caído en la autompasión. Se trata de un espíritu místico y tenaz.

Aunque no conste en ningún libro de historia (ya se sabe que la historia escrita no es la más fidedigna), había un Mackingley entre los peregrinos del Myflower, según constata la propia tradición oral al menos de los Mackingley de Little River, condado de Hempstead.
No en valde su huella es indeleble en los cincuenta estados de la unión, se puede encontrar, además, con suma facilidad en Canadá y Puerto Rico. Incluso en Chile, aunque con apellido catalán. Y no en valde es el Día de Acción de Gracias, la celebración anual más solemne, almenos en casa de John Mackingley, desde que él tiene uso de razón.

Mística y tradición pesaron cuando aceptó con todo el entusiasmo que le aconsejaban sus veinte años cumplidos, la conscripción a las fuerzas mecanizadas destinadas a Irak.
El mismo temperamento Mackingley con que su abuelo había desembarcado en Viet Nam; y su padre, con otro nombre, combatido con el arma aérea, las guerrillas en El Salvador.
Había otra razón de peso: ganar en los dos años de servicio suficiente dinero para financiarse la culminación de sus estudios universitarios. Para que el ejercicio de una profesión universitaria de el status clase media alta, el costo de los estudios previos debe estar a nivel digno de clase media alta.

Quiso el azar que su intelecto universitario chocara estrepitosamente con la moral de la soldadezca, precisamente en lo que fue su bautizo de fuego.
El carro por él conducido ocupaba el centro de la columna mecanizada. El traductor y guía, nativo, anunció en tono militar, para la dotación del carro, tal como había sido entrenado, el nombre del enorme zoco, que era el mismo nombre del populoso barrio bagdadita en que entraban en misión de patrullaje. La explosión que ocurrió enseguida, no tenía como destino la columna blindada, sino a la población que hormigueaba alrededor de los tenderetes. La clerecía de la secta del distrito colindante, castigaba de esa manera a la clerecía de la secta rival, por la pasividad conque se permitía al invasor transitar por las mismas calles donde discurrió el cortejo fúnebre del imam que enfrentó los primeros cruzados que acometieron los sagrados muros, mil años atrás.

”Recibimos la orden de abandonar el lugar a velocidad media. Al sargento mando de la infantería de mi carro, se deslizó por el gaznate la goma que mascaba. Ordenó fuego lateral a discreción. Nuestro carro vomitaba fuego por los costados laterales. Le grité que no había objetivo, que los blancos que se batían eran civiles en tránsito. El sargento me miró con odio y respondió que mi deberl era conducir el vehículo, no dar órdenes de combate. Ya no dije nada, Su respuesta fue contundente”.

Al desencanto de la moral de la tropa siguió en Jonh el desencanto de los mandos medios que en lugar de sancionar al sargento, se limitaron a cambiarlo de pelotón.

La mística de los puritanos, atributo de los Mackingley de Little River, se basa en la enormidad de su sensibilidad moral. El capítulo de ese otro pelotón que sometió a orgía sexual, a la chica nativa entre los cadáveres de su familia, previamente aniquilada, conmocionó de manera tal al conductor de infantería mecanizada, Jonh Mackingley, que cuando sucedió la explosión que le cercenó ambas piernas, no dejó de sentir cierto alivio, pues según esa mística, es preferible la mutilación del cuerpo, a la miseria del alma.

Y no era que Jonh ignorara en absoluto la miseria moral del sistema. Era sus detalles los que no conocía; probable resultado de que para la mística puritana, es mejor la endogamia; cerrar los ojos a la corrupción del mundo, encambio, dirigir toda fuerza de que es capaz el cuerpo y toda idea de que es capaz el ingenio, a la moral propia, a la gloria de Dios y a la salvación de la estirpe.

Jonh no llegó abrazar el pacifismo, pues lo que es de la tradición es que la paz no pertenece a este mundo, sino al otro, y que el pacifismo es un obstáculo en el camino señalado por Dios.
Sin embargo coincidió con los pacifistas en el objetivo de elevar la voz ante el gobernador, para que en el acto del Día de Acción de Gracias, se atendiese, no sólo a los veterarnos que apoyan al gobierno, sino también a aquellos que disienten, con la opinión que no basta la formalidad de un acto político, que es urgente y necesario, además, dar cuerpo material a las prestaciones de ley para los veteranos.

Las voces de los disidentes subían de tono. Amotinábanse alrededor de la tarima. La situación parecía desbordarse. Antes que fuese demasiado tarde, el reverendo, cogió el micrófono, presto a tomar la palabra y dar gracias a Dios.

A toda religión y todo hombre que ha vivido el sueño, dar gracias a Dios significa, además, la belicosa advertencia que se defenderá a toda costa, y toda arma, lo que se ha cosechado, lo que se posee, lo que se ha acumulado; lo conquistado; sean tierras, casas, empresas, electrodomésticos, automóviles; el empleo, la mujer, la cuenta bancaria, el poder…
O quizás fue coincidencia que en el preciso momento que el reverendo pronunció con gran acento las palabras. ”…Gracias te damos oh señor Dios…!”, lanzó su carga la policía montada, sobre los veteranos disidentes que obstruían la vía pública.

En fracción de segundos, Jonh Mackingley se vio tumbado entre los fierros de su silla de ruedas bajo un enorme caballo. La espartana mística de su tradición puritana le ayudó a no espantarse más de lo necesario, cuando vio a pocos centímetros de distancia la brillante herradura de acero, coronando el casco de una pata trasera que descendía inexorable sobre su rostro, contraminándolo al pavimento.

martes, 21 de abril de 2009

Atletas

En aquel tiempo que el oráculo aconsejó a los hombres festejar a Zeus de tal manera, los más diestros de los jóvenes de la Hélade y de sus islas del mar mediterráneo, cada cuatro años acudían a la arena de Olimpia a batirse con denuedo únicamente motivados porque se ciñera, enmedio de un baño de multitudes, alrededor de sus sienes una rama de laurel en forma de diadema.

En una rama de laurel cuyo valor, puesta en el mercado, no alcanzaba para trocar por una hogaza de pan, estaba contenida toda la gloria, que para aquellos hombres que hablaban la lengua de Homero, podía merecer el más fuerte, el más hábil, el más veloz, el más ilustre de los atletas (aquellos juegos olímpicos incluían la poesía; la justa debía de ser además, poética).

Y cuáles eran entonces los réditos que la gloria deparaba a aquellos heróicos contendientes del deporte y la poesía…?
A lo mejor no había mejor rédito que una jarra de vino colmada por manos de amigos y admiradores, en los ditirambos, o en los aquelarres durante la vendimia, aunque no hubiese dinero en la faltriquera. O quizá el único rédito de ser recibido con alegría en cualquier casa del vecindario; el de las miradas ansiosas de las jóvenes casaderas; o el de la sana envidia de los gañanes del barrio.

Parte de la gloria de los atletas laureados era el deseo de maestros por incluírlos como discipulos de sus academias; o el deseo de los generales de incorporarlos dentro de sus tropas más audaces.

Pero aquel dios, hijo de Rhea y Cronos que solazaba bebiendo vino rojo ante el denuedo de aquellos deportistas y poetas en la arena de Olimpia, por la conquista de tan sólo una simple diadema de hojas y flores sobre la cabeza, fue vencido un aciago día por el emperador romano Teodosio, mensajero de otro dios aún más poderoso, al que aquellas competencias le parecieron ociosas, paganas, y a las cuales puso fin.

Siglos más tarde cuando el dios vencedor de Zeus cedió ante la insistencia de los hombres por encender de nuevo la llama olímpica, retó entonces a los atletas no ya a competir por una simple rama de laurel, sino por el oro, porque el oro encierra en él la gloria, y además la riqueza material. En retributo, los atletas, desde ese entonces, fueron obligados a entregar parte de su propia gloria a los gobernantes de los países que había hecho posible la reedición de unos juegos huérfanos de Zeus. Diose así forma a una nueva, pero inauténtica Olimpia.

Bajo las nuevas condiciones, los gobernantes se dieron a comprar atletas de igual manera que se compra ganado en un tiangue.

En aquel tiempo era impensable a los hombres competir por la gloria de una tierra ajena a la propia que le vio nacer. En cualquier lugar que un dorio se llenara de laureles, esta gloria sería para Esparta y no de otro modo. De la misma manera que sería impensable que un ateniense compitiera para la gloria de Mileto, un tebano por la gloria de Corinto, o que un apolónico lo hiciera por la gloria de Efeso.

Bajo la égida del dios vencedor de Zeus, sin embargo, muchos atletas se volvieron mercenarios competidores por la gloria de el, para cada quien, mejor postor.

A partir de entonces cada zancada, cada brazada cada lanzamiento, cada salto, cada atlético performance en el marco de los juegos en honor a un falso Zeus, se tasó en millones de dólares. Los atletas se dieron a competir, no con otro fin, sino con el de volverse económicamente poderosos; las drogas esteroideas y anabolizantes se posesionaron como el verdadero poder detrás de el podio de los vencedores, y la poesía se expulsó de la arena olímpica, acaso, de una vez y para siempre!